Mensaje de Martínez Sistach para la Jornada de la Vida Consagrada

Posted by Fernando Prado, cmf on 29 enero 2009 under noticias | Be the First to Comment

sistachPara las comunidades eclesiales son una auténtica riqueza los hombres y las mujeres que por amor a Dios y a los hermanos viven más radicalmente la exigencia del bautismo que recibieron. Estos cristianos y cristianas son conocidos en la Iglesia como los que viven una vida consagrada, siguiendo radicalmente a Jesús en la castidad, pobreza y obediencia. Escucharon y acogieron la invitación del Señor: “Ven y sígueme”.

Cada año dedica el pueblo de Dios una jornada para reflexionar sobre los que genéricamente son conocidos como religiosos y religiosas. Se trata de una vocación importante que Dios otorga a quien quiere, que ha existido siempre en la Iglesia y que siempre existirá. Sin embargo ha ido adoptando formas diversas y en la actualidad se da una gran variedad de carismas y de instituciones. Esto pone de relieve la presencia riquísima del Espíritu Santo en la Iglesia.

En realidad la vida consagrada está en el mismo corazón de la Iglesia como un elemento decisivo para su misión, ya que hace comprender la naturaleza íntima de la vocación cristiana y la aspiración de tota la Iglesia, que –como esposa de Cristo- tiende hacia la unión con el único Esposo. La vida consagrada es un don precioso y necesario también para los tiempos actuales y para el futuro del pueblo de Dios, porque pertenece íntimamente a su vida, a su santidad y a su misión.

Es verdad que muchas instituciones de vida consagrada encuentran hoy dificultades por falta de vocaciones. Pero esto no debe hacernos dudar de que la profesión de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia sea parte integrante de la vida de la Iglesia. Podrán darse nuevas formas de vida consagrada, pero no cambiará la sustancia de una opción que se manifiesta en el radicalismo del don de sí mismo por amor al Señor Jesús y a toda persona humana. Hay certeza de que Dios continúa y continuará llamando a cristianos y cristianas a seguir este camino de la vida consagrada.

Interesa a todos la presencia de estos hombres y mujeres en la Iglesia y en el mundo. La historia de nuestros pueblos y de nuestras ciudades no puede escribirse prescindiendo de la presencia y las obras de muchos monasterios y congregaciones religiosas. Pensemos en la construcción espiritual y cultural de Europa y también en las instituciones religiosas en el campo de la enseñanza, de la atención a los enfermos, de la asistencia a los ancianos, a los pobres y a los marginados, etc.

Los religiosos y religiosas del mundo entero velan por la imagen divina deformada en los rostros de tantos hermanos y hermanas nuestros: rostros desfigurados por el hambre, por la violencia, por los abusos, por la injusticia, por la soledad, por la enfermedad, por la droga, por el sida, etc. La vida religiosa muestra, de esta manera, con la elocuencia de las obras, que la caridad divina es fundamento y estímulo de amor gratuito y cooperador.
Por eso el concilio Vaticano II hizo esta pertinente observación: “Nadie ha de pensar que los religiosos se desentienden de los hombres o bien son inútiles para la ciudad terrenal”. Y añadía: “Los religiosos ayudan a sus contemporáneos, ya que los tienen presentes en las entrañas de Cristo y colaboran espiritualmente con ellos a fin de que la construcción de la ciudad terrenal se base siempre en el Señor y se encamine hacia él, no fuera que trabajaran en vano los que la construyen”.

La vida consagrada para amar a Dios y a los hermanos con radicalidad es una vida que puede entusiasmar a muchos chicos y chicas.

+ Lluís Martínez Sistach,

Cardenal Arzobispo de Barcelona

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