Vida Religiosa e Internet. (Reflexión)

internet3La vida consagrada ha sido invitada estos días por Benedicto XVI a imitar a S. Pablo, misionero por antonomasia. Desde hace tiempo, son muchos los que hablan de Internet como el nuevo areópago de Atenas en el que nuestra fe ha de relacionarse y dialogar con nuestra cultura, de forma que esa cultura y espacio en el que habitamos (internet), pueda ser “traspasado” por la Buena Noticia del Evangelio.

Por eso la vida consagrada no tiene miedo a Internet. No tiene miedo a este gran espacio global habitado por millones de hombres y mujeres de nuestro tiempo, de diversas edades y culturas, niveles distintos de formación y diferentes credos. Internet es, sobre todo, una oportunidad.

En pocos años –esto corre que vuela– hemos visto surgir infinitos tipos de webs, blogs y desarrollos virtuales que han multiplicado posibilidades de comunicación y relaciones de todo tipo, convirtiendo la red en un lugar en el que, prácticamente, se puede hacer de todo.

En la web se puede comprar y vender, informar y deformar, entretenerse o aburrirse, relacionarse o esconderse detrás del anonimato, bendecir y maldecir, construir o sabotear. Se puede estudiar, formarse e incluso tener sexo. También se puede fomentar la amistad y hacer familia, relacionarse acortando distancias con los que queremos y acercar lo que parece lejano. Se puede hablar de Dios, rezar e incluso dirigirse espiritualmente. Todo cabe.

Al contrario de lo que piensan algunos, la red no es un espacio especialmente pecaminoso, sino, como dice Benedicto XVI, “un potencial que bien utilizado es un auténtico don”. Es, simple y llanamente, un reflejo de nuestro mundo. El uso que hacemos de ello no es sino la puesta en práctica de una tendencia fundamental y constante del ser humano a ir más allá de sí mismo para entrar en relación con los demás.

Por otro lado, Internet ha roto el paradigma de la comunicación tradicional abriéndonos a un espacio de información, libertad de expresión y opinión hasta ahora desconocido. Cualquiera puede acceder a la información de cualquier lugar del mundo a una velocidad inusitada. Uno puede crear su propio medio de comunicación o de expresión o, al menos, participar en los innumerables foros y debates que se abren en cualquier lugar de la red. Algunos expertos informadores constatan el hecho de que ya no hay secretos. Cualquier comentarista anónimo puede dar noticia u opinar, en cualquier blog o foro, de algo que atañe con mayor o menor importancia a la vida de la Iglesia. Se rompen muchas barreras de control y se abren nuevas fronteras para alcanzar la verdad. Cualquier rumor se extiende inmediatamente y un comentario anónimo puede facilitar información e influir socialmente. Estamos, sin duda, ante un nuevo escenario.

La vida consagrada está caminando en esa dirección y, aun con temor y temblor, va cambiando de clave y aprendiendo a situarse en esta nueva perspectiva. Internet, lo sabemos, no es un fin en sí mismo sino un medio más para la evangelización que puede ser utilizado, como siempre intenta hacerlo la vida consagrada, para mayor gloria de Dios.

6 comentarios

  • El artículo me parece interesante, y realmente no consigo la relación con los comentarios. ¿Afirmamos que Internet es el culpable de que en nuestras comunidades no haya espacios de convivencia, descansos conjuntos, palabras que decirnos?…. Creo que eso ya existía en algunas comunidades antes de que existiera esta herramienta tecnológica. El problema, tal vez, no es la existencia de Internet en nuestras comunidades… el problema es la carencia que puede estar llenando en muchas y muchos de nosotros. Abramos los ojos… ¿es más comunitario pasar una hora observando hacia un punto común (la TV) con programas que maravillan a unos y espantan a otros? Tal vez, la llamada es a RECREAR nuestros espacios de convivencia, como cualquier familia que busca recrear sus lazos afectivos de relación….

  • rosario

    La vida comunitaria tienen un sentido de convivencia más profunda, que la simple sensación de llevarnos bien o mal.

  • Si regulamos bien la vida religiosa, que el descanso sea descanso y el compartir, compartir.
    Instalarse en internet, no es descanso ni compartir.
    Si seguimos a Cristo, sigámosle con todas las consecuencias que ello implica, tales como compartir con quién me desagrada, olvidarme de mi “intimidad”, y ver peliculas que me desagradan, etc, etc. Amar al Projimo, como Cristo me ama. Eso simplemente entonces, luego cuando nos toque la vida apostólica hablaremos de la conviencia con la certeza de la cruz, ¿ok?.

  • Pedro Antón

    ¿Acaso estar juntas aunque sea viendo la televisión es un valor? Eso lo dice usted. ¿No sabes lo desagradable que resulta a algunas de tus hermanas -pongamos por caso- estar viendo una película que no le interesa, o acompañada en un momento en que necesita distraerse a su gusto, no al de la comunidad, o lo desagradable que le resulta tu compañía? Creo que la intimidad y la libertad de que cada uno haga con parte de su tiempo lo que le parezca es más evangélico que la uniformización de gustos y regulación contra natura del tiempo. Abajo con la tiranía de la vida comunitaria (y que conste que no estoy proclamando el libertinaje, sino el derecho a la intimidad). Libertad toda, responsabilidad toda y vida comunitaria también, pero sin tiranías.

  • Dorotea Saurin

    Creo que internet es algo maravilloso pero tiene muchas cosas malas. A mi me parece que fomenta la incomunicacion en la vida de comunidad. Desde que tenemos internet en las comunidades, los ratos de descanso y de compartir, se emplean en eso en vez de en estar juntas aunque sea viendo la televisión.

  • Arturo Dominguez

    A Internet le sucede como a todo: tiene luces y sombras. En la red hay oro y ganga, bien y mal. Está satanás y también Dios. Como dice el articulo, es como la vida misma.

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