¡Sí a la vida… y a los que la defienden!

protegeDefender la vida con uñas y dientes es un deber de toda la Iglesia. En eso no hay equivocación posible, ni puede haber medias tintas, aunque la campaña pueda parecer un poco torpe. La campaña es aparentemente simplificadora pero, en el fondo, certera. La vida en nuestro país se ha devaluado tanto que alguien tenía que lavantar la voz. Está en juego la causa de los más pobres. Siempre será mejor una defensa torpe de los pobres y del bien que una sutil desculpabilización del horror o defensa del mal, aun so capa de bien. No hay proporción entre la defensa y la agresión. Además, el objeto de debate no es esta plástica campaña, sino la vida, aunque algunos desvíen la atención, diciendo que el lince no es ibérico o que el niño no es un embrión.

No soy portavoz de ninguna vida consagrada, pero no creo que haya vida consagrada alguna que no esté de acuerdo en que hay que protestar contra el horror y combatir el mal. Tan sólo soy un consagrado más que, por el hecho de tener la suerte de que su blog lo leen casi mil personas al día, lo utiliza para expresarse e influir, aunque sea una miguita, en apoyar a la Iglesia de nuestro país en lo que me parece la más noble de las causas. No me acaba de convender del todo la campaña, pero mucho menos me gusta esta posible nueva ley del aborto que parece estar en puertas. Es para mí un imperativo moral defender la vida y, por ello, no me puedo callar.

Estoy con la vida de los linces y con la conservación de los huevos de águila perdiguera, pero, sobre todo y antes que nada, estoy con la vida humana que hoy se ve amenazada por una posible ley que es capaz de permitir interrumpir voluntariamente la vida humana (algunos dicen eufemísticamente “interrumpir voluntariamente el embarazo”, desviando el objeto de la interrupción) antes de nacer, cometiendo el más injusto de los crímenes contra los más pobres de los pobres. No estamos hablando de los casos extremos, ni de los derechos de la mujer.

Estos niños por nacer son tan pobres que ni tienen derechos. Casi se les niega hasta el derecho a que la Iglesia les defienda. ¡ Sólo faltaba… ! Yo, ante lo que me parece un despropósito (valorar y proteger un huevo de águila o una criatura de lince ibérico antes que una vida humana) me veo en el deber de protestar enérgicamente.

No se puede dejar de alzar la voz contra lo que parece vaya a ser una ley sin consensos, realizada y gestada al margen de lo que opina mucha gente, los científicos, la Iglesia (que aunque algunos se empeñen, sí tiene algo que decir sobre la vida de las personas) y, sobre todo, la conciencia de miles de ciudadanos y gente de bien que comprende perfectamente dónde está la diferencia entre los derechos de la mujer y los derechos de un niño por nacer, dependiente de la madre, pero a su vez independiente de ella. La intoxicación gubernamental en esto me parece increíble. Pero me temo que la intoxicación de la oposición (que, no olvidemos, aceptan la ley actual, igualmente denunciada por la Iglesia) y de algunas plataformas que dicen luchar por la vida, pueda ser en los próximos meses del mismo calibre. No sé porqué me da que hay intereses incluso económicos detrás que están manipulando a la opinión pública para llenarse los bolsillos.

No se puede dejar pasar tal atropello sin al menos una débil palabra de respuesta de esta débil Iglesia, aunque llame la atención que la Iglesia esté aprendiendo en este país (acaso torpemente) a manejar las armas de la propaganda y de la publicidad. Otros las manejan con mucha más sutilidad y éxito. Me gustaría, por ello, que nuestra Iglesia no diera pie a la confusión y que huyera de esas “plataformas ciudadanas” tan ideologizadas y extremistas que, también so capa de bien, quieren hacerse oir en esto, como en tantas cosas, más para ir contra el gobierno que para defender la causa de los pobres que está en juego.

Las mujeres de este país saben, por otra parte, que la Iglesia está con ellas. No son estúpidas, por mucho que algunos pareciera que piensan así y pretenden utilizarlas una vez más. El mensaje tóxico del gobierno a la mujer es claro y manipulador: El aborto es un drama terrible.Vosotras sois las víctimas; nosotros, los del gobierno, os defendemos. Votadnos en las próximas elecciones. Ni caso a la Iglesia, que os quiere en la cárcel. ¿Alguna habrá picado? Tengo mis serias dudas.

4 comentarios

  • Mº Eugenia Garcia

    Muy bueno el articulo y la reflexion..yo diria que este gobierno esta atacando a lo mas sagrado “la familia” el sabe muy bien que si consigue desmembarla tiene mucho ganado…una vez que la familia se destruye, ya no hay donde agarrarse, creo que el tema del aborto es algo desgarrador y violento..donde la primera visctima es la mujer,no la libran la esclavizan, nunca mas una mujer que ha abortado siente en su vida que algo le falta,son los testimonios de muchas que lo han hecho y nunca mas han podido superarlo.
    Luchesmos por la vida, ayudemos a esas mujeres….

  • Amelia Castro

    Muy acertada la apreciación sobre la mujer y el gobierno. De acuerdo con todo lo que dices, fernando, en ese artículo. Con la vida no se juega. La foto del cartel podía haber sido todavía más clara, poniendo, en vez de un niño “normal”, un niño con sindrome de Down. Ciertamente, esa especie lleva años ya en extinción. Los están matando a todos.

  • rosario

    Más allá de los “gobiernos tóxicos” el hombre debe saber que la vida es sagrada y por lo tanto inviolable, cada uno de nosotros antes de ser concebidos biologicamente por nuestros padres, ya fuimos concebidos como hijos de Dios, en su Amor.

  • Gracias, Padre Fernando. Su testimonio es valioso

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