La creación en el corazón de la misión (SEDOS). Carta a las comunidades religiosas.

sedos“Dar respuesta al grito de la tierra y al grito de los pobres es fundamental en el seguimiento de Cristo”. De ahí se deriva nuestra preocupación: somos doscientas cuarenta personas, de ochenta y dos institutos religiosos, de cincuenta y siete países diferentes de los cinco continentes, reunidas en Asís del 12 al 16 de mayo del presente año 2009. Hemos participado al Seminario: La Creación en el Corazón de la Misión, promovido conjuntamente por el Servicio de Documentación y Estudio (SEDOS) y la Comisión Justicia, Paz e Integridad de la Creación, de la Unión de Superiores Generales y de la Unión Internacional de Superioras Generales (USG/ UISG). Hemos estado presentes tanto religiosos/as como colaboradores/as laicos/as. Los teólogos Séan Mc Donagh y Denis Edwards han orientado las reflexiones sobre la ecología y nuestra vida cristiana.
Fr. Séan Mc Donagh nos ofreció una visión sobre los orígenes del universo y sobre el problema actual del cambio climático. Somos conscientes de que el proceso creativo de Dios evolucionó y se ha extendido por un período de trece mil setecientos millones de años. Pero esta obra de Dios se encuentra ahora amenazada por la actividad humana y por la ambición desmedida. Incendios, sequías, extinción de especies, destrucción de los bosques y selvas, ampliación de las zonas desérticas, contaminación de los océanos y glaciares polares derretidos, son todos fenómenos indicadores de que el cambio climático es una amenaza real.
La ecología, la economía y la justicia están intrínsecamente vinculadas, por lo que el abuso de la Tierra se ha convertido en un grito que llama a la acción urgente, para que las futuras generaciones no vayan a heredar una Tierra estéril.
P. Denis Edwards nos presentó, a través de la Escritura, cómo se relacionaba Jesús con la naturaleza y cuánto la amaba, viendo en ella una revelación de Dios. Nos animó así a asumir un efectivo compromiso ecológico en el seguimiento de Jesús. En una segunda reflexión sobre Eucaristía y Ecología, comentó los ricos textos que se refieren a la creación en las plegarias eucarísticas, invitándonos a alabar y dar gracias por la creación. Y así como la Eucaristía es el memorial del acontecimiento Jesucristo, Dios sostiene todo lo creado en su divina memoria, pues hasta un pájaro que cae al suelo es objeto de la preocupación del Señor. La tercera presentación se centró en la esperanza y la transformación escatológica (Rom 8,23). Con reminiscencias del pensamiento de Teilhard de Chardin, Edwards nos recordó que nuestro futuro implica una transformación radical de toda la materia, en Cristo resucitado; y añadió que toda la vida creada -humana y animal- experimentarán la transformación deificante. “El Dios de la vida resucitada es un Dios que incorpora a las diferentes criaturas concretas, de alguna manera, al interior de la dinámica eterna de la comunión divina” (Edwards).
Estamos invitados a cambiar “la mirada arrogante, en una mirada amorosa”, para asumir una “conversión ecológica” en nuestras actitudes y en nuestro comportamiento para con la Tierra. Hemos sido confrontados cara a cara con la realidad del cambio climático, la explotación de los bosques, de los recursos minerales, la contaminación del agua y del aire, los intereses inmorales de las compañías trasnacionales que introducen los Organismos Genéticamente Modificados, reducen la biodiversidad y obligan a los campesinos a depender de las compra de semillas. Estas realidades nos afectan a todos, pero especialmente a los más empobrecidos, que son los menos responsables de la degradación de la Tierra.
Inspirados por este lugar -el Asís de San Francisco- sentimos un llamado para asumir un compromiso ecológico y para adoptar un estilo de vida que muestre nuestra íntima y profunda conexión con la Tierra y el Dios creador en Jesucristo. Necesitamos adoptar un estilo de vida coherente. Sólo podemos tener un futuro común como humanidad si vivimos una austeridad compartida que asegure la dignidad a las generaciones futuras, que esas generaciones puedan disfrutar de la belleza de esta Tierra, “el lecho de flores de nuestro hogar”(Dante).
Reconocemos el compromiso de muchos religiosos y religiosas que están promoviendo activamente la integridad de la creación. Durante el seminario diversos grupos compartieron sus experiencias de trabajo con fuentes de energía alternativa y en la promoción de la agricultura orgánica, como también en la creación de la conciencia ecológica en las escuelas y en la sociedad.
Animamos a las congregaciones religiosas, para que en sus programas de formación, su liturgia, sus itinerarios de renovación y en sus diversos compromisos apostólicos, en particular con las nuevas generaciones, respondan a este llamado a amar a la Tierra y a sus criaturas como Dios las ama, a integrar estas propuestas en acciones para el cuidado de la Tierra y de todos los seres que la habitan.
Unamos nuestras voces y esfuerzos con aquellas organizaciones y movimientos que se esfuerzan en defender los derechos del Planeta y los derechos de los pobres y marginados, que viven también amenazados por el robo y el despojo violento de sus recursos naturales, de sus territorios y de su hábitat.
Invitamos a trabajar con los grupos de la iglesia y en organizaciones de la sociedad civil para influir en gobiernos e instituciones internacionales para responder a estas necesidades tan urgentes. Reconociendo nuestros pecados ecológicos y nuestra complicidad en el abuso de la Tierra, pedimos perdón y proponemos nuestras acciones como un medio de reconciliación y solidaridad.

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