LOS RELIGIOSOS EN LA CRISIS ECONOMICA. (JUAN RUBIO-VIDA NUEVA)

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Por su interés, reproducimos las palabras y valoraciones afectuosas que el Director de la Revista Vida Nueva acaba de escribir en relación a la vida consagrada de nuestro país.

www.vidanueva.es.-Se viene hablando mucho, y con preocupación, de la crisis en la Vida Consagrada, pero poco se habla del orgullo de la propia Iglesia por el trabajo de los consagrados en la crisis económica coyuntural por la que atraviesa la sociedad hoy o por la crisis que los más pobres viven de forma permanente y estructural. Una caricia agradecida sería un gesto elocuente, aunque no la necesiten. Muchos religiosos, junto a tantos sacerdotes y laicos en España o en cualquier otro rincón del mundo, seguirán dando pan al hambriento, vestido al desnudo y hogar al que no lo tiene, aunque la caricia se vuelva desentono y desdén

Dice Arturo Barea en su Forja de un rebelde, contando los primeros meses de la Guerra Civil y el vacío del exilio posterior, que, cuando faltaron palabras de paz, piedad y perdón, siempre se escuchó el grácil lenguaje del blanco almidonado de las religiosas, junto al dolor de los que, sin comerlo ni beberlo, se vieron metidos en guerra. Un lenguaje que en muchos lugares ahogó el estampido de las balas. Y sigue siendo así entre quienes se acurrucan en los rincones que nos muestra la escandalosa geografía del hambre. Siguen sonrientes, entregados, con las manos encallecidas y el corazón roto por el dolor que contemplan y comparten. En la Iglesia, ellos son bálsamo en la herida, báculo de ancianos, hogaza para hambrientos y blanca presencia en la oscura noche de la miseria. Olvidarlos sería injusto. Negar la existencia de esta realidad es una vileza que produce tristeza. Hay veces en las que sólo unas palabras de aliento devuelven la confianza a quien la perdió”.
Publicado en el nº 2.685 de Vida Nueva (del 28 de noviembre al 4 de diciembre).

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