NUEVO BEATO CAPUCHINO: JOSÉ TOUS Y SOLER

beatoEl próximo Domingo, día 25 de abril, en la basílica de Santa María del Mar de Barcelona, tendrá lugar la solemne ceremonia de beatificación de este capuchino fundador, el Venerable José Tous y Soler, presidida por S.E. el Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado de su Santidad Benedicto XVI.

Las Capuchinas de la Madre del Divino Pastor viven este momento como un regalo de Dios, un don que reciben con inmensa alegría, viendo que la Iglesia lo presenta como auténtico modelo de santidad, al reconocer la heroicidad de sus virtudes.

Nacido en Igualada cerca de Barcelona el 31 de marzo de 1811, el siervo de Dios fue bautizado al día siguiente en la parroquia local de Santa María y recibió los nombres de José, Nicolás, Santiago. Su familia era numerosa, económicamente sólida y sobre todo vivía cristianamente motivada. La infancia de José, por consiguiente, se desarrolló en un ambiente sencillo y sereno, en el que los valores humanos y cristianos se transmitían y se asimilaban de manera espontánea. Recibiendo luego la primera comunión, la confirmación y la primera formación escolar, su personalidad manifestó un crecimiento interés por el mundo religioso.

Tuvo en aquellos años un acercamiento al mundo del trabajo, ya que el padre era administrador de una empresa. En relación con los obreros, en un clima familiar y tranquilo, comenzó a percibir, junto con la seriedad de la experiencia del trabajo, el sacrificio de la fatiga, el espíritu de colaboración, el sentido de la justicia, factores pedagógicos que no dejarán de influir en la formación de José. El clima social era, sin embargo, menos tranquilo, ya que por aquel tiempo Cataluña se hallaba envuelta en la guerra de independencia contra invasión francesa. Una vez que cesaron los conflictos, la familia del siervo de Dios, buscando un mayor rendimiento a la actividad productiva, se trasladó a Barcelona.

Aquí durante la adolescencia José entró en contacto con el convento de los hermanos Menores Capuchinos y quedó fascinado del ideal franciscano, de modo que, presentada la instancia, fue admitido al noviciado de provincia de Cataluña. Vistió el hábito, luego emitió sus votos y completó el itinerario formativo has llegar al sacerdocio. Se ordenó de presbítero el 24 de mayo de 1834. Como nuevo sacerdote fue trasladado al convento de Santa Madrona en Barcelona. Sin embargo con el final de la guerra las tensiones sociales y políticas no disminuyeron, al contario se volvieron cada vez más ásperas y se transformaron en una verdadera persecución en los enfrentamientos con la iglesia, con particular virulencia hacia las órdenes religiosas. Esto, no le lleva a vivir una espiritualidad desencarnada sino que afrontó su contexto histórico.

Con el final de la guerra, las tensiones se volvieron más ásperas, con enfrentamientos con la Iglesia, quema de conventos, destrucciones e incendios, exclaustraciones de religiosos y religiosas, asesinatos de sacerdotes, exilios forzados. José fue encarcelado con otros compañeros y sucesivamente expulsados de España. Buscará refugios primero en Francia, luego durante un breve periodo en Italia, peregrinando por distintos conventos, hasta que pudo regresar a Barcelona: aquí se incardinó en el clero diocesano y desarrolló el ministerio parroquial en distintas parroquias, pero tanto en su corazón como en su orientación de vida permaneció fiel, adhiriéndose constantemente al carisma franciscano incluso fuera de la estructura institucional.

Un constante espíritu de oración y de recogimiento sostenía el ministerio del Siervo de Dios, que en comunión con los pastores de la Iglesia, se proyectaba hacia el servicio de la infancia y de la juventud: de manera particular él favoreció la promoción del mundo femenino, habiendo podido constatar su gran retraso cultural. A la luz de esta intuición se comprenden sus diversas iniciativas, sobre todo la de fundar en Ripoll un Instituto de Religiosas, las Capuchinas de la Madre del Divino Pastor, específicamente orientado en la instrucción de las Jóvenes pobres, con el fin de ofrecerles un futuro rico en dignidad. Se configuraba de esta manera un carisma de maternidad espiritual en la escuela de la Virgen María, Divina Pastora de las almas, en la que la vida contemplativa se armonizaba con una intensa actividad pedagógica. El padre Tous acompañó los primeros pasos del nuevo Instituto, prodigándole celo y sacrificio en medio de dificultades de muy distinto género.

Si, a pesar de tanta adversidad, la salud del P. José iba rápidamente deteriorándose, su espiritualidad se consolidaba cada vez más hasta llegar a alcanzar, en la fidelidad a los deberes ordinarios, autenticas cimas de heroísmo. La búsqueda de Dios y de su voluntad era el horizonte ordinario de su jornada; la imitación de Jesús, Buen pastor, que recoge a su grey y ofrece la vida por sus ovejas, era su modelo de vida; la devoción eucarística y mariana era su alimento en los tiempos serenos y en los momentos de la pruebas. Dentro de una actitud dócil y sensible, se percibía una fe inamovible, una fortaleza de ánimo y una vigilancia austera.

Murió en Barcelona el 27 de febrero de 1871: la “hermana muerte” vino a visitarlo durante la celebración de la santa Misa en la capilla de las religiosas que él había fundado. Debido a esta circunstancia conmovedora, su partida fue considerada por muchos como una señal de predilección por parte del Señor y una manifestación de su interioridad, contribuyendo a robustecer una fama de santidad que, en diversos ambientes, lo había acompañado ya durante la vida.

Las hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor están hoy extendidas por España, Roma, América Central y del Sur.

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