DECLARACIÓN DE LA UISG (UNIÓN INTERNACIONAL DE SUPERIORAS GENERALES)

p1010010 Concluídos todos los trabajos de la última asamblea general de la UISG, el grupo de 800 superioras Generales ofrecen a la Iglesia y al mundo la siguiente declaración.

La ofrecemos desde el blog masdecerca.com, que se hizo presente en la asamblea y pudo constatar la vitalidad de la misma, así como la gran importancia que tiene este grupo eclesial (probablemente el grupo más importante en la Iglesia) que tiene detrás de sí a casi un millón de hermanas consagradas y varios millones de personas asociadas carismáticamente trabajando codo a codo con ellas llevando adelante la misión de la Iglesia en los lugares más difíciles y de vanguardia.

EL FUTURO DE LA VIDA RELIGIOSA ESTÁ EN LA FUERZA DE SU MÍSTICA Y DE SU PROFECÍA
“Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo…” Sal 42, 3
Durante esta asamblea: Juntas, 800 Superioras generales de 87 países, nos hemos saciado de la Fuente de vida, el Dios de
Jesucristo, de donde mana nuestra alegría, nuestra esperanza y nuestra fuerza.

Nos comprometemos a:
– Redescubrir y escuchar la Fuente que habla en nuestro corazón, en el otro y en la creación.
– Ir, sin cesar, a la fuente de nuestro carisma, para sacar de nuevo el dinamismo de nuestro primer llamado.
– Gustar y compartir, juntas, la Palabra y el Pan.
– Favorecer el diálogo constante entre la Palabra de Dios y los acontecimientos del mundo.
– Invitar a otros y otras a venir y beber agua de la Fuente.

“Si juzgáis que soy fiel al Señor, venid y quedaos en mi casa” Hch 16,15

Como Lidia, mujer de escucha y de fe, somos invitadas a abrir nuestro corazón y nuestra casa, y a hacer memoria del agua viva de nuestro bautismo.
Nos comprometemos a:
– Crear un estilo de vida místico y profético, abierto a la hospitalidad y a la acogida sin exclusividad, respetuoso de las diferencias, que reconoce la riqueza de las diversas culturas y religiones.
– Reinventar un arte de vivir juntas, marcado por relaciones que humanizan, por la escucha, la empatía, la no-violencia, para llegar a ser testigos de los valores evangélicos.
– Cuidar la formación inicial y permanente para favorecer la integración de la dimensión mística y profética de nuestra vida consagrada.
– Vivir en armonía con todo el Cosmos y habitar nuestra Tierra con respeto.

“Remad mar adentro…y echad vuestras redes para pescar” Lc 5,4
Hemos tomado conciencia de que no tenemos que tener miedo a la noche de las aguas profundas.
Nos comprometemos a:
– Nombrar con audacia las noches de la Iglesia, de la sociedad y de nuestras congregaciones.
– Descubrir los destellos de luz escondidos en el corazón de la violencia, de la pobreza y de la falta de sentido.
– Abrir los ojos para descubrir nuevos caminos de luz en las tinieblas de nuestro mundo: la situación precaria de las mujeres, el malestar existencial de muchos jóvenes, las Consecuencias de las guerras y de las catástrofes naturales, la extrema pobreza que engendra la violencia…
– Ofrecer, como mujeres consagradas, un ministerio de compasión y de sanación.
– Trabajar en redes, local y globalmente, con otras congregaciones y con los laicos, para la realización de diversos proyectos y para la transformación de las estructuras injustas.
– Superar las fronteras de nuestros respectivos carismas y unirnos para ofrecer al mundo una palabra mística y profética.
– Dialogar en verdad con la Iglesia jerárquica, a todos los niveles, para un mayor reconocimiento del lugar de la mujer.

Como María, permanezcamos despiertas y vigilantes, en constante búsqueda de la Fuente que mana,
con la certeza de que Ella se deja encontrar, aunque sea de noche.

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