EVANGELIZAR EN LA RED: 44ª jornada de las comunicaciones sociales

eradugHoy, día en que la Liturgia celebra el día de la Ascensión, la Iglesia celebra también su 44ª jornada mundial de las comunicaciones sociales. Con este motivo, hace algunos meses el Papa Benedicto XVI escribió un mensaje para este día. En él se refiere al mundo de Internet como “Continente Digital” llamado a ser evangelizado. Internnet es –en palabras del Papa– como aquel “patio de los gentiles” del templo de Jerusalén, abierto a aquellos para los que Dios quizá todavía sea aún desconocido, pero que cultivan el deseo de absoluto y de verdades imperecederas.

Os proponemos una breve reflexión, al hilo de la jornada que celebramos, extraída de un librito recientemente publicado en la colección VITA CONSECRATA titulado “La era digital. Una oportunidad para la vida consagrada”. Feliz día de la Ascensión.

Evangelizar en la red (Fernando Prado, cmf)
“(…) Y en este mundo que corre tan deprisa, no son pocos los que quizá desde posturas lejanas a la vida de la Iglesia buscan algo. Quizá no lo … tienen del todo verbalizado. En medio de un mundo que a veces resulta tan superficial o plano, están viviendo una búsqueda espiritual. Su rostro, ciertamente, no es un rostro muy definido, pero ahí están.
¿Quiénes son esos “nuevos gentiles”?¿Cuál es el rostro de esos ciber-navegantes anónimos?¿Qué buscan?¿Qué esperan de nosotros, consagrados y consagradas en la red?¿cómo responder y acompañarles en sus búsquedas?
Muchísimos navegantes se confiesan indiferentes, no practicantes. Quizá estén alejadísimos de la vida de la Iglesia, pero las encuestas nos dicen que muchas personas rezan, buscan, necesitan de Dios. No es de extrañar que muchos vuelvan a interesarse por la fe en Jesucristo. Eso sí, desde una postura más abierta. En ellos hay mucha duda, incertidumbre y confusión.
Sin perder de vista la finalidad de la Evangelización, hemos de reconocer en estas búsquedas ajenas el rostro de Dios. Nuestra mejor aportación no es tanto la catequesis cuanto la acompañar en la búsqueda transmitiendo nuestra experiencia de Dios. En este sentido, escuchar, acoger, acompañar, proponer… son verbos más importantes que enseñar, convencer, convertir…
Para los misioneros, decía Juan Pablo II, es importante la contemplación. El misionero es, antes que nada, un testigo de la experiencia de Dios. Y en esto, las personas consagradas podemos aportar nuestra gran experiencia como hombres y mujeres de Dios que hemos aprendido a ser místicos en la acción. Tenemos detrás una herencia carismática muy rica en este sentido que tenemos que aprender a “colgar” en la red.
Así, buscar el rostro de Dios pasa por salir al encuentro del otro con un talante positivo y humilde, libre de prejuicios, abierto para conocer y reconocer a Dios en él. Nuestra fe ha de ser proclamada, no desde actitudes que juzgan, sino desde la actitud del testigo; no como soldados, sino como mensajeros de la Paz, embajadores de un Dios que es siempre más grande de lo que podamos decir o pensar.
No se trata de disimular lo que somos. Hay que ser honrados y mostrar nítidamente lo que somos en la red para aceptar y respetar las diferencias. Es necesaria una actitud de diálogo que busca la comprensión en la diferencia, la estima sincera de las convicciones diferentes de las propias; incluso debe acoger los interrogantes que la fe personal del otro provoca en la vivencia de nuestra propia experiencia personal.

Es imprescindible saber relativizar y descubrir que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, conscientes de que el verdadero creyente es también un buscador en camino. Dios está presente en nuestros interlocutores. Por ello es precisa la humildad, porque la fe es un don. Y esto, nos supone ser vulnerables y sensibles, como lo fue Jesús. Evangelizar en la red es cuestión de contenidos, pero, sobre todo, de actitudes. Por eso, nuestra presencia en la red no sólo requiere destrezas técnicas o grandes conocimientos teológicos. Ambas cosas son necesarias, sin duda, pero lo más importante es que nuestra presencia en la red sea la presencia de una Iglesia que presenta el rostro de Dios que descubrimos en Jesucristo”.

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