HOMENAJE DE BENEDICTO XVI AL P. MATTEO RICCI, JESUÍTA

viewricciEl Papa Benedicto XVI realizará mañana sábado 29, una audiencia especial en la Sala Pablo VI en homenaje al Padre Matteo Ricci, que cumple 400 años de su muerte. Se espera la presencia de más de 8 mil peregrinos procedentes de la región italiana de las Marcas; más de la mitad, vendrá de la diócesis donde el religioso jesuita nació.

Según la Radio Vaticana, también estarán presentes en el lugar, para oír las palabras del Santo Padre, más de 2 mil fieles venidos de otras diócesis de las Marcas, representantes de asociaciones y movimientos religiosos, y cerca de mil estudiantes y amigos de las instituciones jesuitas, como la Universidad Gregoriana y otros institutos superiores de enseñanza.

La Radio Vaticana informa también que después del discurso papal, una “antorcha de la paz” será encendida. Ésta pasará por la ciudad de Áquila, devastada por un terremoto, en abril de 2009, y participará también de la peregrinación hecha a pie entre las ciudades de Macerata y Loreto, que se hará el 12 de junio.

Un padre jesuita en la China Imperial

Matteo Ricci nació en Italia en 1552. Era de familia noble, por eso recibió la mejor educación posible en la época. Estudio con jesuitas Letras, Filosofía, Teología, además de Matemática, Astronomía, Cartografía y Ciencias Naturales.

Con 30 años, recién ordenado sacerdote y con todo este equipaje intelectual, el ya Padre Matteo partió con una misión jesuita a Pekín, China. En la ciudad asiática, estudio el idioma y la cultura local por años, consiguió respeto y prestigio entre las clases cultas chinas y acabó siendo presentado en la corte imperial.

Por su cultura y carisma, el Padre Matteo, dicen, en seguida fue aceptado en la corte. Su influencia llegó a ser tan sentida que el emperador chino permitió al jesuita fundar una misión jesuita en la capital, que fue mantenida con recursos del propio imperio.

El sacerdote murió en 1610 y, como dicho, su importancia era tan grande que le fue dada la más alta señal de reconocimiento dedicado a un extranjero en China: ser sepultado en la capital del país, un privilegio apenas de miembros de la corte del imperio.

En la época del fallecimiento del sacerdote jesuita, la comunidad cristiana fundada por él en Pekín ya contaba con 700 fieles convertidos, entre los cuales habían personalidades influyentes de China y algunos parientes del propio emperador.

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