75 AÑOS DE UNA AVENTURA: LA SOCIEDAD DE SAN PABLO EN ESPAÑA

Posted by Fernando Prado, cmf on 1 junio 2010 under espiritualidad, noticias | Be the First to Comment

75anos_260x1741Hace ya 75 años que, en aquella lejana primavera de 1934, el beato Santiago Alberione, en su segundo intento por implantar su obra en España, enviaba a nuestra tierra al P. Desiderio Costa, el primer aspirante que veinte años antes él mismo había recibido en la «Escuela Tipográfica Pequeño Obrero», germen de lo que habría de ser la Sociedad de San Pablo y la Familia Paulina.

Estamos, pues, conmemorando los 75 años de presencia paulina en España, desde que en la primavera de 1934 el P. Desiderio Costa, no sin un poco de resistencia, aceptó la propuesta del Fundador de dar comienzo a la apasionante aventura de la Familia Paulina en nuestra nación. Eran tiempos difíciles, turbulentos en España. Ciertamente, desde el punto de vista humano, no los ideales para plantar la semilla de una nueva Congregación, y además tan novedosa como era la Sociedad de San Pablo. «Siempre recordaré aquel viaje —escribía el P. Costa—. Contaba yo entonces treinta y tres años. Al salir de Italia, deseaba ardientemente y temía, al mismo tiempo, llegar a España. Aquellos contrastes eran sólo la primicia de todas las incertidumbres que se habían de suceder…

En la frontera de Portbou acusé enseguida el choque. La tan deseada y temida España estaba allí, como en una lúcida aparición, con sus calles en agitación revolucionaria, cuyo eco pude recoger en la prensa desconcertante de aquellos días». Por esas razones, se encontró con la oposición de Mons. Irurita a cualquier intento de fundación en tierras catalanas, y de Mons. Eijo-Garay para que lo intentara en Madrid.

El beato Santiago Alberione debía estar ya impaciente cuando el 29 de noviembre de ese mismo año escribía al P. Costa: «Queridísimo:
Espero que te haya llegado la correspondencia, a pesar de que no haya recibido todavía ninguna respuesta. Confío en que a la mayor brevedad, por la misericordia de Dios y para nuestra humillación, puedas tener un pequeño «pesebre», por ejemplo la mitad de aquel que teníamos en la Plaza Cherasca (Alba) el 20 de agosto de 1914. Si yo pudiere remontarme a aquel tiempo, comenzaría en la mayor humildad…

Un ángulo apartado del mundanal ruido…, alguna máquina usada, pequeños catecismos, evangelios humildes… ¡será el camino de Dios!… Un pequeño grano, bajo tierra… ¡Esto es suficiente! Hay que verlo, después, una vez que ha germinado… Ninguna confianza en nosotros mismos, ¡toda y firmísimo en Dios!». Poco después, «en la Navidad de 1934 —seguía relatando el P. Costa— llegó la gracia tan deseada. El obispo de Vitoria, Mons. Mateo Múgica Urrestarazu, me invitaba a que estableciese mi residencia en Bilbao, «ad experimentum» por algunos meses. Agradecí cordialmente el gesto del señor Obispo y me trasladé a Bilbao». De este modo Bilbao se convirtió en el lugar de nacimiento, «en condiciones muy humildes, como ocurre siempre en las obras de Dios —seguía escribiendo el P. Costa—, pero cargados de esperanza para el futuro» de la Congregación y de la Familia Paulina en España. Llegó luego el 18 de julio de 1936, con todo lo que eso significaba de temores, preocupaciones y dificultades de todo género. Al fi n, el exilio en Francia. Primero tuvo que huir el mismo P. Costa, que esperó en la frontera hasta que poco después pudo ser alcanzado por su grupito de adolescentes, de entre diez y dieciséis años, que fueron acogidos por la comunidad paulina de París.

En febrero de 1938 podían regresar a España, en un ambiente distinto, que, aunque en circunstancias económicas casi insoportables, les permitieron comenzar a producir sencillas ediciones, la propaganda puerta a puerta y otras iniciativas apostólicas, que iban abriendo perspectivas de futuro. Con todo, el Fundador no había perdido de vista la oportunidad de establecerse en la Capital. Y apenas fue posible, en 1943 los primeros paulinos se instalaban en Madrid. Con el paso de los años, las comunidades y las iniciativas apostólicas se extenderían a Zalla (Vizcaya) en 1946, a Coslada (Madrid) en 1956, a Sevilla (1970), Oviedo (1972), Barcelona (1975), Valencia (1975), Las Rozas de Madrid (1977). Hoy la Congregación cuenta en España con seis Comunidades, una sólida editorial multimedial (San Pablo) y una red de Librerías San Pablo que, junto a «Paulinas», abastecen todo el territorio nacional.

Ciertamente es sólo una gota de agua en el inmenso océano de la actual cultura de la comunicación. Pero es seguramente una planta importante, fruto de aquella semilla plantada con tanta fe hace ahora 75 años. Sin duda podríamos repetir, y tal vez con más razón, lo que el beato Santiago Alberione escribía al P. Costa a los 25 años de la fundación: «Hace veinticinco años el P. Desiderio Costa, hablando de la expansión de la Sociedad de San Pablo en el mundo, me decía: «De buen grado iría yo aEspaña, pueblo arraigado en la fe, patria de muchos santos, nación rica en vocaciones. Yo creo que allí podría hacer y recibir un gran bien la Sociedad de San Pablo». Para mí era un costoso sacrificio separarme del que había sido el primer aspirante de la Congregación; pero yo estaba pensando por aquel entonces hacer un regalo a España y me impuse el sacrificio. El apóstol san Pablo había escrito a los Romanos: «Espero veros al pasar, cuando vaya a España, y ser allá encaminado por vosotros…»

Las esperanzas de entonces son las realidades de hoy. Superadas las primeras dificultades, principalmente las ocasionadas por la guerra civil, y una vez restablecida la paz, paso a paso, con constancia, se ha recorrido ya un gran trecho… Los buenos resultados obtenidos enseñan que se ha de continuar por el mismo camino». Ciertamente. Es mucho lo que queda por hacer. Muchos los desafíos que la evangelización plantea a nuestra cultura de la comunicación, autosuficiente y descristianizada. La mies es más abundante que nunca, y los trabajadores más escasos de lo que jamás hubiéramos podido imaginar. Pero Dios nos quiere aquí, tratando de responder a estos desafíos y en estas circunstancias concretas. Él mismo nos ha dicho: «No temáis: yo estoy con vosotros». Y su palabra no fallará.

«Las esperanzas de entonces son las realidades de hoy. Superadas las primeras dificultades…, paso a paso, con constancia, se ha recorrido ya mucho camino…
Los buenos resultados obtenidos enseñan que se ha de continuar por el mismo camino». (P. Santiago Alberione)

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