MONS. JOAO BRAZ DE AVIZ (CIVCSVA):”NO SON SOLO LOS RELIGIOSOS LOS QUE EXPERIMENTAN LA DISMINUCIÓN DE VOCACIONES”

Posted by Fernando Prado, cmf on 2 febrero 2011 under entrevistas | Be the First to Comment

(L´OSSERVATORE ROMANO.-) Mons. Joao Braz de Aviz ha concedido hoy una entrevista a L´Osservatore Romano. Este Arzobispo brasileño es, desde el día 4 de enero, el nuevo Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA). Ofrecemos la traducción al español de esta interesante entrevista realizada por Nicola Gori.  

Usted no pertenece a una congregación religiosa. ¿Cree usted que esto es un handicap para el nuevo servicio que le espera?

 Esa es, precisamente, la misma observación que hice al cardenal Tarcisio Bertone el pasado 14 de diciembre cuando me llamó en nombre del Papa para comunicarme el nombramiento. El Secretario de Estado me dijo que eso no creaba ningún problema. De hecho yo no pertenezco a ningún instituto religioso, aunque estudié siete años en el seminario menor del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME) en Assis, en el Estado de San Pablo, del 1958 al 1964. Desde entonces, el estrecho contacto con el movimiento de los Focolares me ha acercado a las órdenes y a las congregaciones cuyos miembros se inspiran en la espiritualidad de la unidad.

¿Ha tenido usted contactos o experiencias con otros movimientos eclesiales o laicales?

 El movimiento de los Focolares es mi familia desde que tenía diecisiete años. A través de su espiritualidad, en todas las diócesis donde he estado – Vitória, Ponta Grossa, Maringá y Brasilia – siempre he trabajado por la unidad de los carismas, de las comunidades y de las asociaciones, como respuesta a las preciosas orientaciones de Juan Pablo II en la carta apostólica Novo millennio ineunte.

En los últimos años, en particular después del Concilio Vaticano II, algunos han hablado de la crisis de la vida consagrada. ¿De qué tipo crisis se trata?

 El Concilio Vaticano II pidió a las órdenes y a las congregaciones religiosas un “aggiornamento” que ha implicado una revisión de las reglas y de las constituciones, frente a las nuevas circunstancias culturales e históricas del pasado siglo. El retorno a las fuentes, es decir, al corazón del carisma dado a la Iglesia por el fundador, y la atención de las nuevas circunstancias, que comportaban diversas sensibilidades, ha ofrecido a muchas familias religiosas la oportunidad de renovarse y de adquirir un ulterior vigor, con abundantes frutos. Hoy varias órdenes y congregaciones están asistiendo a una disminución de las vocaciones, al envejecimiento de sus miembros y en muchos casos a una variedad de planteamientos dentro de la propia familia religiosa. Por otro lado, la influencia del individualismo y del relativismo de nuestro tiempo también ha alcanzado, al menos en parte, a algunos ámbitos de la vida consagrada, disminuyendo su vigor. Pienso que es necesario, sobre todo, penetrar más a fondo en el misterio de Dios, para poder renovar las relaciones. En este sentido, un déficit de teología y mística de la experiencia trinitaria como como fuente de la comunión ha llevado a afirmaciones en negativo sobre la vida comunitaria. Es el caso, por ejemplo, de consagrados que dicen: “Mi mayor penitencia es la vida común”. El descubrimiento a través de la experiencia de que Dios es amor y que nosotros somos creados a su imagen, podrá llevar también a los consagrados y a las comunidades a afirmar: “El otro, la otra, es para mí una oportunidad constante de experimentar a Dios, de experimentar el amor”.

La reafirmada autonomía de las congregaciones religiosas respecto a los ordinarios locales ha llevado en el pasado a frecuentes incomprensiones recíprocas. ¿Las visitas pastorales de los Pontífices en los últimos treinta años han contribuido de algún modo a mejorar las relaciones con los obispos?

El sabio y atento magisterio de los últimos Pontífices se ha revelado una base segura de camino eclesial en un momento de nuevos descubrimientos y de nuevas experiencias. Autonomía y dependencia son valores humanos que no pueden ser comprendidos y construidos sólo con criterios sociológicos. La experiencia de la fe nos hace comprender y vivir estos valores a partir del criterio de la comunión, que tiene las propias raíces en el misterio de la unidad y de la trinidad de Dios. Cuando autonomía y dependencia se convierten en experiencia de amor, obediencia y autoridad se equilibran y suscitan gran alegría interior.

¿Piensa que la disminución de las vocaciones es expresión de un momento pasajero, aunque difícil, o más bien es una señal seria de alarma para el futuro?

No son sólo los religiosos y las religiosas quienes experimentan la disminución de las vocaciones. Se trata de un fenómeno más amplio y que no se manifiesta de modo idéntico en las diversas partes del mundo. Europa siente de manera particular este problema. A medida que la fidelidad de los bautizados a su vocación de discípulos crezca y, al mismo tiempo, su testimonio sea dado en comunión con los otros carismas y realidades de la Iglesia, la vitalidad reaparecerá.

La vida consagrada en Brasil ha tenido un rol importante para el desarrollo y la evolución de la teología de la liberación. ¿Usted cómo ha vivido este largo tiempo de búsqueda teológica y pastoral?

La opción preferencial por los pobres es una opción evangélica de la cual dependerá, en primer lugar, nuestra misma salvación. Su descubrimiento y su construcción por parte de la teología de la liberación han significado una mirada sincera y responsable de la Iglesia al vasto fenómeno de la exclusión social. Juan Pablo II afirmó en esa época – a través de la carta enviada a la Conferencia nacional de los obispos de Brasil y entregada por el cardenal Gantin – que la teología de la liberación no es sólo útil sino incluso necesaria. En ese tiempo, las dos instrucciones enviadas desde Roma sobre el tema corregían cuestiones vinculadas al uso del método marxista en la interpretación de la realidad. Pienso que todavía no ha sido suficientemente completado el trabajo teológico para desvincular la opción por los pobres de su dependencia de una teología de la liberación ideológica, como ha advertido últimamente Benedicto XVI. Pienso que uno de los caminos más prometedores consiste en aplicar a la interpretación de la realidad la antología y la antropología trinitarias. Personalmente viví los años del nacimiento de la teología de la liberación con mucha angustia. Estaba en Roma para estudiar teología. Por poco no abandoné la vocación sacerdotal e incluso la Iglesia. Me salvó el compromiso sincero con la espiritualidad de la unidad en el movimiento de los Focolares. Los religiosos y las religiosas, con la radicalidad de su vocación evangélica, podrán colaborar mucho con este nuevo recorrido.

¿Qué pueden esperar las religiosas y los religiosos de su acción de gobierno y de dirección?

La vida consagrada es una perla de enorme valor. Las órdenes y las congregaciones religiosas son palabras del Evangelio distribuidas a lo largo de toda la historia de la Iglesia. De las grandes experiencias religiosas han nacido famosas escuelas de espiritualidad, y de ellas importantes escuelas de teología. La fidelidad a los fundadores y la comunión profunda con la Iglesia podrán volver a dar a la vida consagrada un esplendor más grande al servicio de la misma Iglesia y de la humanidad.

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