P. JOSÉ ROVIRA: “¡NO SOMOS MUSEO, SOMOS HISTORIA!” (VII Encuentro personas consagradas de habla española en Roma)

Posted by Fernando Prado, cmf on 1 febrero 2011 under entrevistas, espiritualidad, formacion, noticias | Read the First Comment

El próximo jueves día 3 de febrero, a las 5 de la tarde, en el Aula Magna del Claretianum (Instituto Teológico de la Vida Consagrada) se celebrará el VII encuentro para personas consagradas de habla española en Roma (escuchar podcast de Radio Vaticana). Durante el encuentro, en el que participarán personas muy significativas de la vida consagrada del mundo y de España, se presentará el libro del Prof. Rovira “La vida consagrada hoy. Renovación-Desafíos-Vitalidad”. 

Un libro que dará que hablar y que pensar sobre el desarrollo postconciliar, la situación actual de la vida consagrada y el futuro hacia el que esta apunta.  masdecerca.com  ofrece esta entrevista con el autor de este libro que saldrá a las librerías en España a mediados del mes de febrero.
El P. José Rovira lleva más de 45 años en Roma. Llegó para estudiar –eran los tiempos del Concilio Vaticano II- y se quedó allí como profesor. Toda una vida consagrado al estudio y a la docencia de la Teología de la Vida Religiosa en el Instituto Teológico de la Vida Consagrada “Claretianum” (Univ. Lateranense), fundamentalmente, aunque ha sido y es profesor en otros centros universitarios de Roma y del extranjero. Pocos como él han reflexionado sobre la Vida Religiosa. Pocos como él alcanzan a tener una lectura sapiencial sobre su actual situación y su desarrollo postconciliar. Merece la pena hablar con él y escuchar lo que nos cuenta.

P. Rovira, ¿la vida consagrada de hoy… es tan diferente de la de ayer?
Los valores de fondo (lo de siempre) no han cambiado. Eso es lo que realmente cuenta. No puede ser de otra forma tratándose de una vida que quiere ser reflejo del Evangelio. Por otro lado, creer que la vida religiosa es inmutable es desconocer la historia.  La vida religiosa es “vida” y, por tanto, está siempre en reformulación y reforma. La vida religiosa ha vivido una evolución continua a lo largo de los siglos. La fidelidad a la Palabra de Dios y a los tiempos, nos obligan a cambiar. El mismo futuro Beato Juan Pablo II nos dijo en el número 13 del documento Vita Consecrata que la reflexión sobre la vida consagrada debe continuar.  Al final de esta misma exhortación, en el número 110, nos habló de cómo la vida consagrada no sólo tiene un pasado glorioso para contar y recordar sino una gran historia por construir, invitándonos a poner los ojos en el futuro  y dejarnos llevar por el Espíritu. Lo acaba de decir también el actual papa Benedicto XVI. ¡No somos museo, sino historia! Lo de siempre, lo que no cambia, es vivir el Evangelio (seguir a Cristo); eso sí, dentro de las circunstancias y exigencias de cada época.

Se habla del Concilio Vaticano II como hito para la vida de la Iglesia y para la Vida Religiosa. ¿Es así realmente? ¿Qué significado tiene este Concilio?
El concilio Vaticano II sí es un hito. Se podría decir que es un punto de llegada y un punto de partida. Es una discontinuidad en la continuidad. Por fidelidad a los valores de fondo, el Concilio y los papas, bajo la acción del Espíritu Santo que conduce la Iglesia, consideraron que había que cambiar muchas cosas. El Concilio no nació de cero. Los grandes movimientos que se manifiestaron en el Vaticano II (Eclesiológico, litúrgico, bíblico y ecuménico) comenzaron ya en pleno siglo XIX. Incluso algunos de estos movimientos, como el bíblico o el ecuménico, nacieron en el ámbito protestante. El concilio dio un espacio para que lo que ya hervía y estaba latente saliera a la luz y se produjera un discernimiento. No olvidemos que el mismo Pio XII  es considerado el principal Padre conciliar del Concilio Vaticano II, aunque ya había muerto. Basta pensar cómo sus grandes encíclicas como la Mystici Corporis, la Mediator Dei  o la Divino Afflante Spiritu ya apuntaban claramente hacia nuevos horizontes. Todo esto influyó mucho, evidentemente, en el fundamento bíblico, en la reflexión sobre el lugar eclesial de la vida religiosa, en su vida litúrgica, así como en el conocimiento y diálogo con otras formas de vida religiosa cristianas fuera de la Iglesia Católica (monacato ortodoxo, anglicano, luterano, calvinista, etc).

Hay voces en la Iglesia que apuntan hacia una revisión del Concilio Vaticano II, pensando que el propio Concilio desencadenó, sin pretenderlo, un proceso de secularización interno (lo cual afectaría, especialmente, a la vida religiosa). ¿Es esto así realmente?  
El concilio, obviamente, nunca pretendió secularizar la Iglesia. Ponerla más en contacto con nuestro mundo sí, evidentemente. Esto llevó consigo cambiar y matizar ciertos modos de actuar y de pensar. En este sentido, la Gaudium et Spes es el paradigma por excelencia de la relación Iglesia-Mundo. El Perfectae Caritatis no es sino la aplicación de este paradigma para nosotros, religiosos.  No hay que olvidar que a los cristianos de los primeros tiempos, sus coetáneos paganos los acusaban de ateísmo por fomentar una justa autonomía de las realidades del mundo, superando todo tipo de politeísmo.  Que exista un peligro de secularización en la vida cristiana es inevitable. También para la vida religiosa. Pero que exista el peligro, no quiere decir que se caiga en él. Habrá que discernir. No todo el que bebe vino –que no deja de ser saludable- acaba siendo alcohólico. 

¿Qué podemos decir de las estadísticas y de la actual disminución numérica de la vida religiosa, sobre todo en Europa?¿Cabe alguna autocrítica?
La autocrítica cabe siempre por parte de todos. La disminución es cierta, pero los números, comenzaron a reducirse mucho tiempo atrás. La descristianización evidente de la sociedad y la ignorancia religiosa son factores que influyen. En un ambiente descristianizado es difícil que surjan vocaciones. La crisis de la familia y el descenso demográfico influyen también vitalmente en todo esto. Las simplificaciones que a veces se escuchan sobre esta cuestión tan compleja han de ser muy matizadas. Antes que nada, hay que decir que las vocaciones son un don que viene de Dios, no de la propaganda comercial. No somos quienes nosotros para marcar la agenda de Dios. Dios no nos ha prometido darnos a conocer sus planes.  Precisamente por esta situación que estamos viviendo hoy, el testimonio de los religiosos está llamado a ser más claro y evangélico. Hoy se da una fuerte llamada a pensar en el significado trascendente de la vida, y también a una vida de fraternidad  auténtica en medio de una sociedad que se ha vuelto individualista. No es, como a veces se oye, una cuestión simplificable al hábito. La historia del hábito o no hábito es muy variada a lo largo de los siglos. El hábito que tanto reclaman algunos hoy, no ha impedido, -como hemos podido ver, por desgracia- que se produzcan escándalos. Tengamos en cuenta que muchos de estos últimos escándalos de los que se habla, son de hace muchos años. Incluso se hablaba ya de ellos en los años 40 y 50, cuando el Concilio todavía no estaba ni en el horizonte. Lo fundamental es que el religioso, hoy como ayer, sea un hombre o una mujer de Dios, rico en humanidad.

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