ANTE LA FIESTA DE SAN MARCELINO CHAMPAGNAT 2011 (HNO. EMILI TURÚ, SUPERIOR GENERAL)

En los últimos meses, han pasado por nuestra Casa General en Roma diversos grupos de peregrinos maristas,después de visitar nuestra casa de l’Hermitage. He tenido ocasión de encontrarme con la mayoría de esos grupos, y he podido constatar el gran impacto que ha producido en sus vidas el contacto con los lugares de nuestros orígenes maristas.
Muchas personas se preguntan con admiración,cuando se encuentran físicamente presentes en ese estrecho y húmedo valle donde discurre el río Gier, cómo pudo darse una expansión internacional tan grande del Instituto marista desde ese humilde lugar.

Pero creo que todavía deja una huella mayor saberse parte de una maravillosa historia que comenzó en 1817 en aquellas tierras y que se prolonga hasta nuestros días en los cinco continentes. Nos sabemos continuadores del sueño del P. Champagnat, del H. Francisco, de nuestros primeros hermanos y de tantos otros que han seguido después. Todos nosotros, probablemente, en un momento u otro, hemos experimentado esa hermosa sensación de saber que nuestras pequeñas historias conectan con una historia mayor, que se está desarrollando a nuestro alrededor, y de la que podemos ser parte.

Para muchos de nosotros, de hecho, resulta hoy casi imposible separar nuestro camino personal del camino marista, uno más entre tantos que convergen en la gran historia de la humanidad y que quieren contribuir a hacer del mundo un lugar de fraternidad y armonía. Me parece que este sentimiento está bien expresado en la famosa novela de Tolkien, “El Señor de los anillos”. Frodo y Sam, dos populares “hobbits”, se encuentran, sin saber muy bien cómo ni por qué, envueltos de repente en una apasionante gran aventura. Dejan la comodidad de lo ya conocido para enfrentarse a peligros y constantes sorpresas. Ellos todavía no lo saben, pero tienen un papel fundamental en asegurar el futuro de la “Tierra Media”. En cierta ocasión, al encontrase ante el peligro, Sam se dirige a Frodo:
– … Me gustaría saber en qué clase
de historia hemos caído.
– A mí también —dijo Frodo—. Pero
no lo sé. Y así son las historias de la
vida real. Piensa en alguna de las
que más te gustan. Tú puedes saber,
o adivinar, qué clase de historia es, si
tendrá un final feliz o un final triste,
pero los protagonistas no saben absolutamente
nada. Y tú no querrías
que lo supieran.
-… ¿Las grandes historias no terminan
nunca?
– No, nunca terminan como historias
-dijo Frodo-. Pero los protagonistas
llegan a ellas y se van cuando han
cumplido su parte…

Creo que nosotros, a diferencia de Sam y Frodo, nos vamos haciendo conscientes del tipo de historia en el que hemos “caído”: una gran historia, de las que nunca terminan, en la que queremos asumir nuestro protagonismo y “cumplir nuestra parte”.

Hoy, cuando estamos celebrando la vida y la santidad de Marcelino Champagnat, debe ser un día de acción de gracias. Porque nuestras vidas personales se saben entrecruzadas al servicio de un proyecto mayor que nos supera y que nos da sentido y dirección. Porque nos sentimos llamados a ser una presencia de María en la Iglesia y en la sociedad. Pero es también un día para renovar nuestra adhesión al carisma y a la misión maristas, desafiando todas nuestras resistencias a salir deprisa, con María, hacia una nueva tierra. Pronto van a cumplirse dos años de la celebración del XXI Capítulo general, y los “horizontes de futuro” intuidos en esa asamblea siguen interpelándonos con fuerza, pidiendo compromisos personales y colectivos:

• Una vida consagrada nueva, arraigada firmemente en el Evangelio, que promueva un nuevo modo de ser hermano.
• Una nueva relación entre hermanos,laicas y laicos, basada en la comunión, buscando juntos una mayor vitalidad del carisma marista para nuestro mundo.
• Una presencia fuertemente significativa entre los niños y jóvenes pobres.

“Me gustaría saber en qué clase de historia hemos caído…” No lo dudemos: se trata de una apasionante aventura, por la cual vale la pena gastar la vida. Como actores de esta historia desconocemos su desenlace, pero no nos importa: sabemos que la meta es el camino, y eso nos basta.

Caminemos, pues, con alegría, con esperanza, con renovado compromiso por las vías de la historia marista, de la que ya estamos siendo protagonistas. Recorrer ese itinerario colectivo nos ayuda a ser más nosotros mismos, pues, como dijo Isak Dinesen: “Ser una persona es tener una historia que contar”.

Que San Marcelino Champagnat, cuya estela intentamos seguir, nos bendiga a todos nosotros, a nuestras familias y a los niños y jóvenes que hemos sido llamados a servir en los cinco continentes.
Hno. Emili Turú
Superior General

2 comentarios

  • Nicolás Crocce B.

    muy de acuerdo con Ud. Hno Emilí. Gracias por sus sabias palabras. Un saludo a todos los maristas del mundo al aproximarse nuestra gran fiesta La Fiesta de nuestro santo Fundador: San Marcelino Champagnat

  • Lo felicito Hermano, un abrazo desde Guatemala

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