TRÁGICO ACCIDENTE EN MOZAMBIQUE

 (RD.-) Habían empeñado su vida en la ayuda a los demás y en la misma tarea hallaron la muerte. Una religiosa franciscana, Carmen Serrano Gallego, de 85 años y natural de la pedanía murciana de Patiño, y la cooperante de Alcantarilla Teresa Ramos, de 67 años, fallecieron el domingo por la tarde en Mozambique, al volcar la embarcación en la que realizaban una excursión en compañía de otra monja y otros tres cooperantes. Lo cuentan Ricardo Fernández y Raúl Hernández en La Verdad.

También formaba parte de la expedición un grupo de unas diez adolescentes mozambiqueñas, que estaban internadas en el centro de niñas que gestionan en ese país africano las Franciscanas de la Purísima; siete de las menores también perecieron en el naufragio.

El trágico accidente se produjo a media tarde, cuando la embarcación regresaba a la Isla de Mozambique, después de una jornada visitando la cercana isla de Goa, distante apenas unos kilómetros de la costa mozambiqueña. Un recorrido que se completa en unos 45 minutos en las precarias barcas de pescadores, largas, anchas y cuya borda apenas sobresale unos pocos centímetros de la superficie, impulsadas por un motor de escasa potencia.

La excursión era una de tantas hasta esa pequeña isla, inhabitada y con un faro por toda construcción, que las religiosas organizan periódicamente para dispensar una jornada de disfrute y descanso a los cooperantes que llegan hasta la misión y en las que suelen participar algunas de las niñas que tienen acogidas en el centro.
Después de unas horas disfrutando de la playa y de una comida frugal en ese entorno paradisíaco, los participantes en el paseo se dispusieron a regresar a la antigua capital mozambiqueña. Apenas habían subido a la barca cuando se hizo evidente que el viaje de retorno no iba a ser tan plácido como el de ida. «El mar se había embravecido y había fuertes olas. Habían recorrido la mitad del trayecto cuando un golpe de mar volcó la embarcación», narró ayer a ‘La Verdad’ sor Concha, madre superiora de la congregación de las Franciscanas en Murcia.

El pánico se apoderó de los ocupantes de la barca, que cayeron al mar y tuvieron que comenzar a luchar con todas sus fuerzas para salvar sus vidas y, de ser posible, las de sus compañeros de travesía. Salir de debajo del casco ya fue complicado; algunos ni siquiera lo consiguieron. Sin chalecos salvavidas, sin posibilidad alguna de mandar una señal o un mensaje de socorro, se encontraban a merced del oleaje y a más de dos kilómetros de la costa. En tales circunstancias, una distancia insalvable para todos ellos, incluso para quienes mejor sabían nadar.

No era el caso de siete de las adolescentes, que no pudieron aferrarse al casco de la embarcación y que fallecieron en pocos minutos. Lo mismo ocurrió con una de las dos religiosas, Carmen Serrano, muy mermada físicamente por su avanzada edad. La última en morir fue Teresa Ramos, la cooperante de Alcantarilla, quien era una nadadora bastante competente, según algunas fuentes próximas a su familia, y que al parecer perdió la vida mientras trataba de mantener a flote a una de las niñas.

Mejor suerte corrieron la otra religiosa y los otros tres cooperantes (el yerno de Teresa Ramos, de nombre Daniel, controlador aéreo en el aeropuerto de El Altet; otra vecina de Alcantarilla, Carmen, y una joven madrileña, Leticia), así como tres adolescentes africanas. Todos ellos se salvaron milagrosamente, merced a la inesperada llegada de otra barca, que había partido desde Goa minutos después de que lo hiciera la embarcación siniestrada.

Un auténtico golpe de fortuna, sobre todo teniendo en cuenta que los efectivos de rescate en las costas mozambiqueñas son prácticamente nulos. De tal forma que, de no haber sido localizados los náufragos de forma tan rápida, habría caído la noche y ello los habría condenado a una muerte casi segura.

La magnitud de la tragedia, pese a todo, ha sido enorme y ha sumido en un profundo dolor a los integrantes del centro misionero franciscano en Mozambique, que están destrozados. «Ha sido un golpe tremendo», confirmaba ayer mañana sor Concha, quien explicaba que hasta ese momento ni siquiera había sido posible recuperar el cadáver de una de las niñas que viajaban en el barco. «Está desaparecida. Pero, vamos, resulta bastante evidente que ha fallecido en el accidente, al igual que sus seis compañeras».

«Ha sido un golpe tremendo, del que nos va a costar mucho recuperarnos. Las ‘meninas’ están muy afectadas, conmocionadas, y tenemos que esforzarnos ahora para conseguir que se recuperen», comentaba, a última hora de la tarde, la superiora de la misión en Mozambique, sor Antonia, que calificaba a los cuatro cooperantes llegados desde España como «unas personas muy entusiastas, que están trabajando mucho y haciendo mucho bien por este pueblo».

«Se plantearon qué hacer el domingo y todos dijeron que querían ir a la isla de Goa, que es el lugar donde nació la fe católica en Mozambique, el lugar donde se dijo la primera misa», siguió relatando sor Antonia, quien desveló que en la excursión participaba otra embarcación, que trasladaba a un numeroso grupo de niñas y que logró retornar sin problemas. No ocurrió así con la segunda. «Una ola impactó en el barco y las chicas se pusieron nerviosas; se levantaron, se fueron todas al mismo lado, y la siguiente ola volcó la embarcación, que les cayó encima. Fue un milagro que algunos lograran salir de debajo».

La superiora señaló que todos los documentos para la repatriación de los cadáveres están ya completados y que es previsible que puedan llegar a España esta misma semana. «El personal de la Embajada se está portando de maravilla», indicó.

El centro misionero que las Franciscanas tienen en la Isla de Mozambique, y que gestionan a través de la ONG Makua, se encarga del mantenimiento y de la educación de varias decenas de niñas del continente, de entre 12 y 18 años, y además ofrece otros servicios de apoyo a la población, como un comedor social para los más desfavorecidos, un programa de educación para la mujer, otro de educación para la salud… También ha colaborado en la construcción de dos hospitales, que es el proyecto en el que más implicados estaban los cuatro cooperantes que se habían trasladado a Mozambique. Uno de estos centros sanitarios está a punto de ser inaugurado. Teresa Ramos y Carmen Serrano no podrán ya ver cumplido su deseo de verlo funcionando.

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