MONS. BRAZ DE AVIZ (CIVCSVA) YA ES CARDENAL

Posted by Fernando Prado, cmf on 18 febrero 2012 under noticias | Read the First Comment

VIS.-  El 18 febrero 2012 se ha celebrado en la Basílica Vaticana el Consistorio ordinario público en el que el Santo Padre ha creado 22 nuevos cardenales, a los que ha impuesto la birreta, ha entregado el anillo y ha asignado el título o diaconía.
Entre ellos se encontraba el cardenal João Braz de Aviz, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Es el cuarto consistorio en el pontificado de Benedicto XVI.

Después de la oración inicial y la proclamación del Evangelio, el Santo Padre pronunció una alocución de la que ofrecemos a continuación amplios extractos:

“Tu es Petrus, et super hanc petram aedificabo Ecclesiam meam”. (…) Estas palabras del canto de entrada nos introducen en el solemne y sugestivo rito del Consistorio (…). Son las palabras eficaces con las que Jesús constituyó a Pedro como fundamento firme de la Iglesia. La fe es el elemento característico de ese fundamento: en efecto, Simón pasa a convertirse en Pedro —roca— al profesar su fe en Jesús, Mesías e Hijo de Dios”. (…)

“Las palabras que Jesús dirige a Pedro ponen de relieve claramente el carácter eclesial del acontecimiento de hoy. Los nuevos cardenales, en efecto, mediante la asignación del título de una iglesia de esta Ciudad o de una diócesis suburbicaria, son insertados con todo derecho en la Iglesia de Roma, guiada por el Sucesor de Pedro, para cooperar estrechamente con él en el gobierno de la Iglesia universal. (…) En esta delicada tarea, les servirá de ejemplo y ayuda el testimonio de fe que el Príncipe de los Apóstoles dio con su vida y su muerte y que, por amor de Cristo, se dio por entero hasta el sacrificio extremo”.

“La imposición de la birreta roja ha de ser entendida también con este mismo significado. A los nuevos cardenales se les confía el servicio del amor: amor por Dios, amor por su Iglesia, amor por los hermanos con una entrega absoluta e incondicionada, hasta derramar su sangre si fuera preciso, como reza la fórmula de la imposición de la birreta e indica el color rojo de las vestiduras. Además, se les pide que sirvan a la Iglesia y vigor, con la transparencia y sabiduría de los maestros, con la energía y fortaleza de los pastores, con la fidelidad y el valor de los mártires. Se trata de ser servidores eminentes de la Iglesia que tiene en Pedro el fundamento visible de la unidad”.

“En el pasaje evangélico que antes se ha proclamado, Jesús se presenta como siervo, ofreciéndose como modelo a imitar y seguir. (…) El servicio a Dios y a los hermanos, el don de sí: esta es la lógica que la fe auténtica imprime y desarrolla en nuestra vida cotidiana y que no es en cambio el estilo mundano del poder y la gloria”. (…)

El episodio del Evangelio de hoy, en el que Santiago y Juan piden a Jesús sentarse uno a su derecha y otro a su izquierda en su gloria (Mc 10,37), “ofrece a Jesús la ocasión de dirigirse a todos los discípulos y ‘llamarlos hacia sí’, casi para estrecharlos consigo, para formar como un cuerpo único e indivisible con Él y señalar cuál es el camino para llegar a la gloria verdadera, la de Dios: ‘Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos’” (Mc 10,42-44).
“Dominio y servicio, egoísmo y altruismo, posesión y don, interés y gratuidad: estas lógicas profundamente contrarias se enfrentan en todo tiempo y lugar. No hay ninguna duda sobre el camino escogido por Jesús: Él no se limita a señalarlo con palabras a los discípulos de entonces y de hoy, sino que lo vive en su misma carne. En efecto, explica: ‘Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por la multitud’ (v. 45). Estas palabras iluminan con singular intensidad el Consistorio público de hoy. Resuenan en lo más profundo del alma y representan una invitación y un llamamiento, un encargo y un impulso especialmente para vosotros, queridos y venerados hermanos que estáis a punto de ser incorporados al Colegio cardenalicio”.

“Según la tradición bíblica, el Hijo del hombre es el que recibe el poder y el dominio de parte de Dios (cf. Dn 7,13s). Jesús interpreta su misión en la tierra sobreponiendo a la figura del Hijo del hombre la del Siervo sufriente descrito por Isaías (…) Su servicio se cumple en la fidelidad total y en la responsabilidad plena por los hombres. Por eso, la aceptación libre de su muerte violenta es el precio de la liberación para muchos, es el inicio y el fundamento de la redención de cada hombre y de todo el género humano”.

“Queridos hermanos que vais a ser incluidos en el Colegio cardenalicio: que el don total de sí ofrecido por Cristo sobre la cruz sea para vosotros principio, estímulo y fuerza, gracias a una fe que actúa en la caridad. Que vuestra misión en la Iglesia y en el mundo sea siempre y sólo ‘en Cristo’, que responda a su lógica y no a la del mundo, que esté iluminada por la fe y animada por la caridad que llegan hasta nosotros por la Cruz gloriosa del Señor. En el anillo que en unos instantes os entregaré, están representados los santos Pedro y Pablo, con una estrella en el centro que evoca a la Virgen. Llevando este anillo, estáis llamados cada día a recordar el testimonio de Cristo hasta la muerte que los dos Apóstoles han dado con su martirio aquí en Roma, fecundando con su sangre la Iglesia. Al mismo tiempo, el reclamo a la Virgen María será siempre para vosotros una invitación a seguir a aquélla que fue firme en la fe y humilde sierva del Señor”.

“Queridos hermanos y hermanas, rezad para que en ellos (los nuevos cardenales) se refleje de modo vivo nuestro único Pastor y Maestro, el Señor Jesús, fuente de toda sabiduría, que indica a todos el camino. Y pedid también por mí, para que pueda ofrecer siempre al Pueblo de Dios el testimonio de la doctrina segura y regir con humilde firmeza el timón de la santa Iglesia”.

Terminada su alocución, el Papa ha pronunciado la fórmula de creación de los nuevos cardenales, sus nombres y el orden diaconal o presbiteral al que han sido asignados. Los nuevos cardenales han recitado el Credo y el juramento de fidelidad y obediencia al Papa y a sus sucesores. Seguidamente, han recibido la birreta cardenalicia y el anillo de manos del Papa, que les ha asignado también el título o la diaconía.

Finalizado el rito, el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, cardenal Angelo Amato, ha introducido el consistorio ordinario público para la canonización de los beatos Jacques Berthieu, sacerdote profeso de la Compañía de Jesús, mártir; Pedro Calungsod, catequista laico, mártir; Giovanni Battista Piamarta, sacerdote y fundador de la congregación de la Sagrada Familia de Nazareth y de la congregación de las Hermanas Humildes Siervas del Señor; María del Monte Carmelo, fundadora de las hermanas de la Inmaculada Concepción Misioneras de la Enseñanza; Marianne Cope, religiosa de la Congregación de las Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco de Syracusa (New York); Katherine Tekakwitha, laica, y Anna Schäffer, laica. El Santo Padre ha decretado que sean inscritos en el Libro de los Santos el domingo 21 de octubre de 2012. El consistorio concluyó con la bendición apostólica.

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