58 PROPOSICIONES DEL SÍNODO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN AL SANTO PADRE (II)

Posted by Fernando Prado, cmf on 17 noviembre 2012 under formacion, noticias | Be the First to Comment

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3) RESPUESTAS PASTORALES A LAS CIRCUNSTANCIAS ACTUALES

 Proposición 26: Las parroquias y otras entidades eclesiales

Los obispos reunidos en el Sínodo afirman que la parroquia continua siendo la presencia primordial de la Iglesia en los barrios, el lugar y el instrumento de la vida cristiana, capaz de ofrecer oportunidades para el diálogo entre las personas, para escuchar y anunciar la Palabra de Dios, para una catequesis sistemática, para educar en la caridad, para la oración, la adoración y las alegres celebraciones de la Eucaristía. Además de ello, los Padres sinodales desearían animar a las parroquias a encontrar caminos para orientarse hacia una mayor insistencia en la evangelización, lo que podría incluir misiones parroquiales, programas de renovación parroquial y retiros parroquiales. La presencia y la acción evangelizadora de asociaciones, movimientos y otras realidades eclesiales constituye un valioso estímulo para la realización de esta conversión pastoral. Tanto las parroquias como las realidades eclesiales tradicionales, como las nuevas están llamadas a hacer visible juntas la comunión de la Iglesia particular unida alrededor del obispo.

Con el fin de transmitir a todos la Buena Noticia de Jesús, tal como requiere la Nueva Evangelización, todas las parroquias y sus pequeñas comunidades han de ser células vivas, lugares en los que se promueva el encuentro personal y comunitario con Cristo, en los que se experimente la riqueza de la liturgia, en los que se imparta la formación cristiana inicial y permanente, y en los que se eduque a todos los fieles en la fraternidad y en la caridad, especialmente para con los pobres.

 Proposición 27: La educación

«Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20). La educación es una dimensión constitutiva de la evangelización. Anunciar a Jesucristo resucitado significa acompañar a todos los seres humanos en su historia personal, en su crecimiento y en su vocación espiritual.

La educación necesita, al mismo tiempo, que se promueva todo lo que es verdadero, bueno y bello y que forma parte de la persona humana; esto significa educar el entendimiento y las emociones para apreciar la realidad.

Los niños, adolescentes y jóvenes tienen derecho a ser evangelizados y educados. Las escuelas y las universidades católicas responden así a esta necesidad. Este derecho debería ser reconocido y apoyado por las instituciones públicas.

Las escuelas deberían ayudar a las familias a introducir a sus hijos en la belleza de la fe. Las escuelas ofrecen una gran oportunidad para transmitir la fe o, cuanto menos, para darla a conocer.

Los Padres sinodales agradecen la labor educativa que llevan adelante miles de profesores, hombres y mujeres, en las instituciones formativas católicas de los cinco continentes.

Dada la especial función de los docentes, importa que estos reciban una formación permanente de cara al desempeño de sus responsabilidades.

Las escuelas deben ser libres para enseñar. Esta libertad constituye un derecho inalienable.

Por ello, en vistas a asegurar que nuestras instituciones sean agentes de evangelización y no meros productos de esta, el Sínodo:

– insta a las instituciones educativas católicas a hacer todo lo posible por conservar su identidad como instituciones eclesiales;
– invita a todos los docentes a afrontar su liderazgo como discípulos bautizados de Jesús, dando testimonio a través de su vocación de educadores, y
– urge a las Iglesias particulares, a las familias religiosas y a todos los que tienen responsabilidad en las instituciones educativas a facilitar la corresponsabilidad de los laicos ofreciéndoles para ello una formación y un acompañamiento adecuados.

Proposición 28: La catequesis de adultos

No cabe hablar de Nueva Evangelización si la catequesis de adultos no existe, está fragmentada, débil o desatendida. Cuando se dan estas deficiencias, el ministerio pastoral se enfrenta a un gran desafío.

Las diferentes fases y niveles del catecumenado de la Iglesia nos enseñan cómo ha de comprenderse, desde el punto de vista bíblico, catequético, espiritual y litúrgico, la historia y el itinerario de fe de una persona como una vocación a través de la relación con Dios (cf. Evangelii nuntiandi, n. 18; Instrumentum laboris, n. 92).

En todo este proceso, el carácter público de la decisión de fe que realiza el catecúmeno, que crece gradualmente en la comunidad y en la diócesis, ejerce una influencia positiva en todos los fieles.

Proposición 29: La catequesis, los catequistas y el catecismo

Una buena catequesis resulta esencial para la Nueva Evangelización. El Sínodo llama la atención sobre el servicio indispensable que prestan los catequistas a las comunidades eclesiales, a la vez que les expresa un profundo agradecimiento por su dedicación.
Todos los catequistas, que a su vez son evangelizadores, necesitan estar correctamente preparados.
Es necesario hacer todo lo posible -dentro de las posibilidades en cada situación local- por dotar a los catequistas de una sólida formación eclesial; esto es, espiritual, bíblica, doctrinal y pedagógica. El testimonio personal de la fe constituye por sí mismo una forma poderosa de catequesis. El Catecismo de la Iglesia Católica y su Compendio constituyen, por encima de todo, un recurso para la enseñanza de la fe y para apoyar a los adultos de la Iglesia en su misión evangelizadora y catequética.

De acuerdo con la Carta apostólica Ministeria quædam, del Papa Pablo VI, las Conferencias Episcopales tienen la facultad de solicitar a la Santa Sede la institución del ministerio del catequista.

Proposición 30: La teología

La teología, como ciencia que es de la fe, tiene su importancia de cara a la Nueva Evangelización. Sacerdotes, profesores y catequistas deben ser formados en instituciones de enseñanza superior. La Iglesia aprecia y promueve la investigación y la enseñanza de la teología. La teología científica tiene su propio lugar en la universidad, donde debe llevarse a cabo el diálogo entre la fe y las demás disciplinas, así como con el mundo secular.

Los teólogos están llamados a realizar este servicio como parte de la misión salvífica de la Iglesia. Es necesario que piensen y sientan con la Iglesia («sentire cum Ecclesia»). El Sínodo propone que la Nueva Evangelización sea considerada como una dimensión integral de la misión de toda facultad de Teología, y que se establezca un departamento de Nueva Evangelización en las universidades católica.

Proposición 31: La Nueva Evangelización y la opción por los pobres

Enseña el papa Benedicto XVI: «Jesús se identifica con los pobres: los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40). Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios» (Deus caritas est, n. 15).

Hoy existen nuevos pobres y nuevos rostros de la pobreza: los hambrientos, los sin techo, los enfermos y abandonados, los drogadictos, migrantes y marginados, los refugiados por razones políticas o medioambientales, los pueblos indígenas. La crisis económica actual afecta gravemente a los pobres. Entre los más pobres de la sociedad contemporánea están las víctimas de la grave falta de respeto a la dignidad inviolable de la vida humana inocente.

La opción preferencial por los pobres nos impulsa a salir en busca de ellos y a trabajar en su favor para que se sientan como en casa en la Iglesia. Los pobres son al mismo tiempo destinatarios y agentes de la Nueva Evangelización.

Proposición 32: Los enfermos

La Nueva Evangelización ha de ser siempre consciente del Misterio Pascual de la muerte y resurrección de Jesucristo. Este misterio arroja luz sobre el sufrimiento de las personas, que pueden encontrar en la cruz de Cristo comprensión y aceptación del misterio del sufrimiento que les de esperanza para la vida futura.

En los enfermos, en los que sufren, en las personas discapacitadas y en las que precisan de cuidados especiales, el sufrimiento de Cristo está presente y se convierte en fuerza misionera. Entre los cristianos siempre ha de haber un lugar para los que sufren y los enfermos. Ellos nedesitan nuestro cuidado, pero nosotros recibimos mucho más de su fe. A través de los enfermos, Cristo alumbra a su Iglesia, de forma que todo aquel que entra en contacto con ellos encuentra ahí reflejada la luz de Cristo. Esta es la razón por la que los mismos enfermos son miembros tan importantes en la Nueva Evangelización.

Todos cuantos estén en contacto con los enfermos necesitan tomar conciencia de su misión. Cuando construimos nuevos hospitales no debemos olvidar procurar que no falte en ellos un entorno de consuelo y de apoyo, así como un lugar para la oración.

Proposición 33: El sacramento de la penitencia y la Nueva Evangelización

El sacramento de la penitencia y de la reconciliación es el lugar privilegiado para recibir la misericordia y el perdón de Dios. Es lugar de sanación personal y comunitaria. En este sacramento todo bautizado tiene un encuentro nuevo y personal con Jesucristo, así como un nuevo encuentro con la Iglesia, facilitándose la plena reconciliación mediante el perdón de los pecados. En él el hombre y la mujer penitentes se encuentran con Jesús y experimentan al mismo tiempo una comprensión más profunda de sí mismos. Los Padres sinodales solicitan que este sacramento vuelva a ponerse en el centro de la actividad pastoral de la Iglesia.

En cada diócesis debería dedicarse al menos un lugar con carácter permanente para la celebración de este sacramento en el que siempre haya sacerdotes disponibles, permitiendo que los fieles puedan experimentar la misericordia de Dios. Este sacramento debería estar siempre disponible, incluso todos los días, en los lugares de peregrinación y en las iglesias especialmente designadas para este fin. Es necesario ser fieles a las normas específicas que regulan la administración de este sacramento. Todo sacerdote ha de considerar el sacramento de la penitencia como parte esencial de su ministerio y de la Nueva Evangelización; igualmente debe destinarse un tiempo adecuado para escuchar las confesiones en toda comunidad parroquial.

Proposición 34: Domingos y festivos

La Eucaristía debe ser la fuente y la cumbre de la Nueva Evangelización. Los Padres sinodales instan a todos los fieles cristianos a renovar su comprensión y su amor por la celebración eucarística en la que sus vidas quedan transformadas y unidas a la ofrenda de la propia vida de Cristo para la gloria de Dios Padre y la salvación del mundo entero.

Aunque existe una tensión entre el domingo cristiano y el secular, es necesario  recuperar el Domingo para la Nueva Evangelización, tal como enseñaba el Beato Juan Pablo II en Dies Domini. El Domingo, con su carácter sagrado y especial, unido a la Misa debe ser el centro de la vida católica. El objetivo es la participación plena, activa y consciente de toda la comunidad en la liturgia. El año litúrgico con sus festividades debe ser seguido a través de un auténtico programa de evangelización, especialmente en los tiempos de Navidad y de Pascua.

Proposición 35: La liturgia

Una celebración digna de la sagrada liturgia –el don más precioso que Dios nos ha dado– constituye la expresión más excelsa de nuestra vida en Cristo (cf. Sacrosanctum Concilium, n. 10). Se trata, pues, de la expresión principal y más poderosa de la Nueva Evangelización. Dios desea manifestar la incomparable belleza de su inconmensurable e incesante amor por nosotros mediante la sagrada liturgia; y nosotros, por nuestra parte, deseamos emplear lo más hermoso en nuestro culto a Dios como respuesta a su don. En ese maravilloso intercambio que es la sagrada liturgia, en la que el cielo baja a la tierra, la salvación está a la mano, provocando el arrepentimiento y la conversión del corazón (cf. Mt. 4,17; Mc. 1,15).

La evangelización en la Iglesia clama por una liturgia que eleve a Dios los corazones de los hombres y las mujeres. No es la liturgia mera acción humana, sino un encuentro con Dios que lleva a la contemplación y a una amistad más profunda con Él. En este sentido, la liturgia de la Iglesia es la mejor escuela de la fe.

Proposición 36: Dimensión espiritual de la Nueva Evangelización

El agente principal de la evangelización es el Espíritu Santo, que abre los corazones y los convierte a Dios. La experiencia del encuentro con el Señor Jesús –hecho posible por el Espíritu, que nos introduce en la vida trinitaria, y acogido con espíritu de adoración, de súplica y de alabanza– debe desempeñar un papel fundamental entre toda faceta de la Nueva Evangelización.

Se trata de la «dimensión contemplativa» de la Nueva Evangelización, que se alimenta continuamente a través de la oración, empezando por la liturgia y especialmente por la eucaristía, fuente y cumbre de la vida de la Iglesia.

Así, proponemos que la oración sea impulsada y enseñada desde la infancia. Los niños y los jóvenes han de ser educados, tanto en la familia como en la escuela, para que reconozcan la presencia de Dios en sus vidas, lo alaben, le den gracias por los dones que  reciben de él y para que le pidan ser guiados por el Espíritu Santo.

Proposición 37: El sacramento de la confirmación en la Nueva Evangelización

En virtud de los sacramentos del bautismo y la confirmación, todos los fieles cristianos tienen encomendada la misión de evangelizar. Los fieles quedan marcados por la unción del Espíritu Santo y están llamados a participar en el misterio de Pentecostés. Mediante la confirmación, todos los bautizados reciben la plenitud del Espíritu Santo, sus carismas y la fuerza para dar testimonio del Evangelio de forma abierta y valiente.

Es importante que una catequesis mistagógica acompañe la gracia de la adopción filial recibida con el bautismo, subrayando la importancia del don del Espíritu Santo, que nos hace capaces de participar plenamente en el testimonio eucarístico de la Iglesia y en su influencia en todos los ámbitos de la vida y de la actividad humanas.

De ahí que una catequesis apropiada y sistemática antes de la recepción de estos sacramentos sea de importancia prioritaria.

Proposición 38: La iniciación cristiana y la Nueva Evangelización

El Sínodo desea manifestar que la iniciación cristiana es un elemento clave de la Nueva Evangelización y que es el medio por el que la Iglesia, como una madre, cría a sus hijos y se regenera a sí misma. Por eso proponemos que el tradicional proceso de iniciación cristiana –que muchas veces se ha convertido en una mera preparación a los sacramentos– sea considerado en todas partes, según la perspectiva catecumenal, dando mayor relevancia a la mistagogía permanente, de forma que se transforme en una auténtica iniciación a la vida cristiana a través de los sacramentos (cf. Directorio general de catequesis, n. 91).

Desde esta perspectiva, no deja de tener consecuencias el hecho de que la situación actual en relación con los tres sacramentos de la iniciación cristiana, a pesar de la unidad teológica entre ellos, sea tan diferente desde el punto de vista pastoral. Tales diferencias en el seno de las comunidades eclesiales no son de carácter doctrinal, sino de criterio pastoral. Este Sínodo solicita que lo que el Santo Padre afirmó en el n. 18 de Sacramentum caritatis se convierta en un estímulo para que las diócesis y las Conferencias Episcopales revisen sus prácticas en torno a la iniciación cristiana: «Concretamente, es necesario verificar qué praxis puede efectivamente ayudar mejor a los fieles a poner de relieve el sacramento de la Eucaristía como aquello a lo que tiende toda la iniciación» (Sacramentum caritatis, n. 18).

Proposición 39: La piedad popular y la Nueva Evangelización

La piedad popular constituye un verdadero lugar en el que encontrar a Cristo, y expresa también la fe del pueblo cristiano en la Bienaventurada Virgen María y los santos. La Nueva Evangelización reconoce el valor de estas experiencias de fe, y las alienta como formas de crecimiento en la virtud cristiana.

Las peregrinaciones a templos y a santuarios constituyen un aspecto importante de la Nueva Evangelización, no solo por los millones de personas que continúan realizando esas peregrinaciones, sino porque esta forma de piedad popular representa hoy una oportunidad particularmente prometedora para la conversión y el crecimiento en la fe. Es importante, pues, trazar un plan pastoral que acoja convenientemente a los peregrinos y que, en respuesta a su profundo deseo, ofrezca oportunidades para que el tiempo de peregrinación pueda ser vivido como un verdadero tiempo de gracia.

Proposición 40: El Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización

El Sínodo está agradecido al Santo Padre por haber establecido el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización como un instrumento al servicio de las Iglesias particulares, y pide que este Dicasterio ahonde en el estudio de las discusiones sinodales, desarrolle y promueva la Nueva Evangelización.

Solicita, asimismo, que en el seno de cada Conferencia Episcopal se considere el establecimiento de una Comisión con el fin de promover el estudio y la difusión del Magisterio pontificio en relación con los temas que conciernen a la Nueva Evangelización. Así podrá crearse una fuerte colaboración entre las Iglesias particulares de forma que se dé, en consecuencia, una mayor eficacia en el desarrollo de la Nueva Evangelización.

4) AGENTES  DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

 Proposición 41: La Nueva Evangelización y la Iglesia particular

 La Iglesia particular, dirigida por el obispo auxiliado por los sacerdotes y los diáconos, con la colaboración de las personas consagradas y del laicado, es el sujeto de la Nueva Evangelización.

Ello se debe a que, en cada lugar, la Iglesia particular es la manifestación concreta de la Iglesia de Cristo y, como tal, inicia, coordina y lleva a cabo las acciones pastorales a través de las cuales se realiza la Nueva Evangelización.

En la Iglesia resuena la llamada a la santidad, dirigida a todos los bautizados, y los invita a seguir a Cristo con amor y benevolencia por todas las personas, con el fin de discernir la acción del Espíritu en ellos. «Como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13, 34-35). Para las primeras comunidades cristianas, la comunión era un elemento constitutivo de la vida de fe, necesario además para la evangelización: tenían un solo corazón y una sola alma. Decir que la Iglesia es comunión es decir que la Iglesia es la Familia de Dios.

La Iglesia capacita a cada uno de sus miembros para que se hagan conscientes de su responsabilidad de ser como levadura en la masa. En este sentido, «la fe que actúa por el amor» (Ga 5,7) se convertirá en un testimonio contagioso para el mundo en todas sus dimensiones, ofreciendo a toda persona la posibilidad de encontrarse con Cristo y convertirse a su vez en evangelizadora.

Sería de desear que cada Iglesia particular, a pesar de las dificultades, desarrolle un sentido de la misión entre sus fieles mediante su cooperación con otras Iglesias particulares.

Proposición 42: Una actividad pastoral integrada

Cada Iglesia particular es la comunidad primordial de la misión de la Iglesia. Debe animar y dirigir una actividad pastoral renovada capaz de integrar la diversidad de carismas, ministerios, estados de vida y recursos. Todos estos elementos han de ser coordinados en el marco de un proyecto misionero orgánico, capaz de comunicar la plenitud de la vida cristiana a toda persona, especialmente a aquellos que se sienten alejados del cuidado de la Iglesia. Tal empeño ha de surgir del diálogo y la cooperación de todos los elementos diocesanos: parroquias, pequeñas comunidades cristianas, comunidades educativas, comunidades de vida consagrada, asociaciones, movimientos y fieles particulares. Todo programa pastoral ha de transmitir la verdadera novedad del Evangelio y centrarse en el encuentro vivo y personal con Cristo. Igualmente ha de estar encaminado a suscitar en toda persona una adhesión generosa a la fe, junto con la disposición a aceptar la llamada a ser testigo.

Proposición 43: Dones jerárquicos y carismáticos

El Espíritu Santo dirige a la iglesia en su evangelización misionera «con diversos dones jerárquicos y carismáticos» (Lumen gentium, n. 4). Cada diócesis es, en efecto, «una porción del Pueblo de Dios que se confía a un Obispo para que la apaciente con la cooperación del presbiterio» (Christus Dominus, n. 11), en la que las diferentes realidades carismáticas reconocen la autoridad del obispo como parte integrante de su propia acción al servicio de la misión eclesial. El obispo tiene la responsabilidad de enjuiciar la «autenticidad y [el] ejercicio razonable» de tales dones (Lumen gentium, n. 12) como un auténtico servicio para la vida y la misión de la Iglesia. Los dones jerárquicos y los carismáticos, al proceder del único Espíritu de Dios, lejos de estar en competencia unos con otros, son coesenciales para la vida de la Iglesia y para la eficacia de su acción misionera (cf. Juan Pablo II, Mensaje a los participantes en el Congreso Mundial de Movimientos Eclesiales, 27-5-98). La vida consagrada ocupa un lugar especial en la dimensión carismática de la Iglesia (cf. Mutuæ relationes, n. 34; Caminar desde Cristo, n. 32); plenamente insertada como tal en la comunión eclesial, contribuye con sus propios dones a la evangelización misionera. Es necesario realizar estudios tanto en el ámbito diocesano como en el interdiocesano al objeto de saber de qué forma pueden cooperar los dones carismáticos y los jerárquicos en la acción pastoral y en la vida espiritual de la Iglesia.

A partir del Concilio Vaticano II, la Nueva Evangelización se ha beneficiado grandemente del dinamismo de los nuevos movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades. Su ideal de santidad y de unidad ha sido origen de muchas vocaciones y de destacadas iniciativas misioneras. El Sínodo reconoce estas nuevas realidades y las invita encarecidamente a emplear sus carismas en estrecha colaboración con las diócesis y las comunidades parroquiales, quienes a su vez se beneficiarán de su espíritu misionero.

Proposición 44: La Nueva Evangelización en la parroquia

La parroquia, en todas sus actividades y a través de ellas, debe animar a sus miembros a convertirse en agentes de la Nueva Evangelización, dando testimonio tanto con sus palabras como con sus vidas. Por ello es importante recordar que la parroquia sigue siendo el ambiente habitual de la vida espiritual de sus feligreses. De ahí que el Sínodo quiera alentar a las visitas parroquiales a las familias como medio de renovación parroquial. A menudo sucede que la parroquia es considerada meramente un lugar para eventos importantes, cuando no como un centro turístico.

En esta misma línea, los «agentes pastorales» que trabajan en hospitales, centros juveniles, fábricas, cárceles, etc., han de tener en cuenta que la Nueva Evangelización ha de encontrar su lugar en dichos ámbitos. Y es que la Iglesia ha de estar presente en esos lugares, pues Cristo mostró su preferencia por las personas que allí se encuentran. Se exhorta, pues, a que, en la medida en que se pueda, todas las Iglesias, dondequiera que estén, se abran a esta misión.

Proposición 45: El papel de los fieles laicos en la Nueva Evangelización

La vocación y misión específica de los fieles laicos es la transformación de las estructuras del mundo para que todo comportamiento y actividad humanas sean conformadas por el Evangelio. De ahí la importancia de guiar al laicado cristiano hacia un conocimiento íntimo de Cristo, con el fin de formar su conciencia moral a través de su vida en Cristo. El Concilio Vaticano II identifica cuatro aspectos principales de la misión de los bautizados: el testimonio de la vida, las obras de caridad y misericordia, la renovación del orden temporal y la evangelización directa (cf. Lumen gentium y Apostolicam actuositatem). De esta forma podrán dar testimonio personal y comunitario de una vida plenamente coherente con su fe cristiana.

El laicado coopera en la obra de evangelización de la Iglesia como testigos y como instrumentos vivos de la misión salvífica que comparten (cf. Ad gentes, n. 41). Por eso la Iglesia aprecia todo don que el Espíritu va otorgando a los bautizados para la construcción del cuerpo, y debe proporcionar el estímulo y formación adecuados para favorecer su celo apostólico en la transmisión de la fe.

Proposición 46: La colaboración de hombres y mujeres en la Iglesia

La Iglesia aprecia la igual dignidad en la sociedad de la mujer y del hombre, hechos a imagen de Dios, y en la Iglesia, basada en la vocación común de ser bautizados en Cristo. Los pastores de la Iglesia han reconocido las capacidades especiales de la mujer, particularmente su atención a los demás y sus dones para la crianza y la compasión, especialmente en su vocación como madres.

Las mujeres junto con los hombres dan testimonio del Evangelio de la vida mediante su dedicación a transmitir la vida en el seno de la familia. Juntos ayudan a mantener viva la fe.

El Sínodo reconoce que, hoy en día, las mujeres (laicas  y religiosas), junto con los hombres, contribuyen a la reflexión teológica en todos los niveles y comparten responsabilidades pastorales en formas nuevas, llevando adelante así la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe.

Proposición 47: La formación de los evangelizadores

Este Sínodo considera necesario crear centros de formación para la Nueva Evangelización, en los que los laicos aprendan a hablar persuasivamente de la persona de Cristo, de una forma adaptada a nuestro tiempo y a los distintos grupos específicos de personas (jóvenes, agnósticos, ancianos, etc.).

El cristocentrismo trinitario (cf. Directorio General para la Catequesis, nn. 98-100) constituye el criterio más esencial y fundamental para presentar el mensaje evangélico en cualquiera de los tres momentos de la evangelización, sea el primer anuncio, la catequesis o la formación permanente (cf. DGC, nn. 60-72). Toda enseñanza y recurso han de ser evaluados a la luz de este criterio.

Proposición 48: La familia cristiana

Establecida por el sacramento del matrimonio, la familia cristiana como Iglesia doméstica es el lugar y el primer agente en el don de la vida y del amor, en la transmisión de la fe, así como en la formación de la persona según los valores del Evangelio. Imitando a Cristo, toda la Iglesia ha de empeñarse en apoyar a las familias en la catequesis de los niños y de los jóvenes. En muchos casos, los abuelos jugarán un papel muy importante.

Al mismo tiempo, la Nueva Evangelización debe esforzarse en dar cauce a problemas pastorales significativos relacionados con el matrimonio: el caso de los divorciados vueltos a casar, la situación de sus hijos, el destino de los cónyuges abandonados, las parejas que conviven sin casarse y la tendencia social a redefinir el matrimonio.

Como un aspecto importante de la Nueva Evangelización, la Iglesia, con solicitud maternal y espíritu evangélico ha de buscar respuestas adecuadas a dichas situaciones.

Todo plan pastoral de evangelización debería incluir igualmente una invitación respetuosa a cuantos viven solos, para que experimenten a Dios en la familia de la Iglesia.

Es necesario educar a las personas para vivir la sexualidad humana de acuerdo a la antropología cristiana, tanto antes del matrimonio como durante el mismo.

El Sínodo tiene en cuenta con aprecio a aquellas familias que abandonan sus hogares para convertirse en evangelizadoras por Cristo en otros países y culturas.

Proposición 49: Dimensión pastoral del ministerio ordenado

Los Padres sinodales animan vivamente a los obispos y a los sacerdotes a conocer de manera más personal la vida de las personas a las que sirven. La gente busca en sus obispos y sacerdotes a unos testigos auténticos y creíbles que vivan y sean modelos de la fe y la Nueva Evangelización. El obispo es un evangelizador que predica con el ejemplo y comparte con los bautizados la bienaventuranza de ser llamado a evangelizar.

Es necesaria una formación permanente del clero a cerca de la Nueva Evangelización y sobre métodos de evangelización en la diócesis y en la parroquia a fin de aprender medios eficaces para movilizar al laicado en su compromiso con la Nueva Evangelización. Invitamos a los obispos -principales responsables de toda la labor pastoral de la Iglesia- a desarrollar un plan que anime y acompañe de forma directa y personal la labor pastoral del presbiterado, núcleo director decisivo de la Nueva Evangelización.

Al enfrentarnos a los escándalos que afectan a la vida y al ministerio sacerdotales –escándalos que lamentamos profundamente–, proponemos  que se agradezca y se aliente el servicio fiel de tantos sacerdotes, y que se den orientaciones pastorales a las Iglesias particulares basándose en un plan pastoral sistemático y articulado, que sustente una renovación genuina de la vida y del ministerio de los sacerdotes, quienes son los  agentes primarios de la Nueva Evangelización (cf. Pastores dabo vobis, n. 2).

Para que los sacerdotes estén adecuadamente preparados para la obra de la Nueva Evangelización, el Sínodo desea que durante su formación se procure formarlos en una profunda espiritualidad, una sólida doctrina, en la capacidad de comunicar en la catequesis y en una toma de conciencia de los fenómenos culturales modernos.

Los seminarios han de poner su foco de atención en la Nueva Evangelización para que esta se convierta en el tema constante y unificador en los programas de formación humana, espiritual, intelectual y pastoral, en el ars celebrandi, en la homilética y en la celebración del sacramento de la reconciliación, todas ellas cuestiones muy importantes de la Nueva Evangelización. El Sínodo reconoce y alienta la labor de los diáconos, cuyo ministerio presta un gran servicio a la Iglesia. Los programas diocesanos de formación permanente deben estar disponibles también para los diáconos.

Proposición 50: La vida consagrada

La vida consagrada, tanto femenina como masculina, ha contribuido de manera muy importante a la obra de evangelización de la Iglesia a lo largo de la historia.

En este momento de la Nueva Evangelización, el Sínodo pide a todos los religiosos y religiosas, así como a los miembros de los institutos seculares que vivan su identidad de personas consagradas con radicalidad y alegría.

El testimonio de una vida que pone de manifiesto la primacía de Dios y que, mediante la vida en común, expresa la fuerza humanizadora del Evangelio, constituye un poderoso anuncio del Reino de Dios.

La vida consagrada –plenamente evangélica y evangelizadora, en profunda comunión con los pastores de la iglesia y en corresponsabilidad con el laicado, fieles a los respectivos carismas– ofrecerá una contribución significativa a la Nueva Evangelización.

El Sínodo pide a las órdenes y congregaciones religiosas que estén plenamente disponibles para acudir a las fronteras geográficas, sociales y culturales de la evangelización. El sínodo invita a los religiosos a avanzar hacia los nuevos areópagos de la misión.

Dado que la Nueva Evangelización es esencialmente una cuestión espiritual, el Sínodo subraya la gran importancia de la vida contemplativa en la transmisión de la fe.

La tradición milenaria de la vida consagrada contemplativa en sus antiguas formas de vida comunitaria estable de oración y trabajo sigue siendo una fuente poderosa de gracia para la vida y la misión de la Iglesia. El Sínodo espera que la Nueva Evangelización impulse a muchos más fieles a abrazar esta forma de vida.

Proposición 51: La juventud y la Nueva Evangelización

 En la Nueva Evangelización los jóvenes no son sólo el futuro, sino también el presente (y el regalo) de la Iglesia. No son meros receptores, sino también agentes de evangelización, especialmente entre sus coetáneos. Los jóvenes están en esa etapa de búsqueda de la verdad y significado en la vida que Jesús, que es la Verdad y su amigo puede proporcionarles.

La Iglesia se hace visible y creíble para los jóvenes a través de los adultos cristianos ejemplares, los santos –especialmente los santos jóvenes– y gracias a los ministros comprometidos con la juventud. Es necesario que los evangelizadores se encuentren con los jóvenes y pasen tiempo con ellos, dondequiera que estos se encuentren: en casa, en la escuela o en la comunidad cristiana; que les propongan y les acompañen en el seguimiento de Jesús, y que les guíen para que descubran su vocación en la vida y en la Iglesia.

Dado que los medios de comunicación influyen en gran medida en la salud física, emocional, mental y espiritual de los jóvenes, la Iglesia, mediante la catequesis y el ministerio de la juventud se esfuerza por capacitarlos y prepararlos para que sepan discernir entre el bien y el mal, para que elijan los valores del Evangelio por encima de los valores del mundo y para que adquieran unas firmes convicciones de fe.

Las celebraciones de la Jornada Mundial de la Juventud y el YOUCAT son instrumentos especiales de la Nueva Evangelización.

Proposición 52: El diálogo ecuménico

La dimensión ecuménica del compromiso por la Nueva Evangelización ha de ser resaltada. Esta es acorde a la oración del Señor Jesús «que todos sean uno» (Jn 17, 23). La credibilidad de nuestro servicio al Evangelio será mucho mayor si logramos superar nuestras divisiones. Manteniendo la identidad y la comunión católicas, la Nueva Evangelización fomenta la colaboración ecuménica, que demuestra cuánto nos une la fe que nos fue dada en el bautismo.

Los Padres sinodales dan gracias por el avance que se ha dado en el diálogo ecuménico a partir del Concilio Vaticano II. A pesar de dificultades pasadas, dicho diálogo se ha puesto particularmente de manifiesto durante este Sínodo gracias a la participación del patriarca ecuménico Bartolomé I, del arzobispo de Canterbury, el Dr. Rowan Williams, así como de los delegados fraternos. Los Padres sinodales expresan su deseo de que la Iglesia mantenga sus esfuerzos por seguir caminando en esta senda de unidad y caridad.

Proposición 53: El diálogo interreligioso

El diálogo con todos los creyentes forma parte de la Nueva Evangelización. En especial, la Iglesia invita a los cristianos a perseverar y a intensificar sus relaciones con los musulmanes, conforme a la doctrina de la Declaración Nostra ætate. Pese a las dificultades, este diálogo ha de continuar. Esto siempre depende de que los interlocutores se formen adecuadamente, de que tengan una auténtica base eclesial como cristianos y una actitud de respeto por la conciencia de las personas y por la libertad religiosa de todos.

Fiel a la doctrina del Concilio Vaticano II, la Iglesia respeta las demás religiones y a sus seguidores con los que tiene la dicha de poder colaborar en la defensa y en la promoción de la dignidad inviolable de toda persona.

Proposición 54: El diálogo entre la ciencia y la fe

El diálogo entre la ciencia y la fe constituye un campo vital en la Nueva Evangelización. Por un lado, este diálogo requiere la apertura de la razón al misterio que la trasciende, así como una toma de conciencia de los límites fundamentales del conocimiento científico. Por otro lado, requiere también una fe que se abra a la razón y a los resultados de la investigación científica.

Proposición 55: El “atrio de los Gentiles”

Las comunidades eclesiales abren una especie de Atrio de los Gentiles en el que creyentes y no creyentes pueden dialogar sobre temas básicos: los grandes valores de la ética, del arte y de la ciencia, así como de la búsqueda de lo trascendente. Este diálogo se dirige especialmente a «aquellos para quienes la religión es algo extraño, para quienes Dios es desconocido y que, a pesar de eso, no quisieran estar simplemente sin Dios, sino acercarse a él al menos como Desconocido » (Benedicto XVI, Discurso a los miembros de la Curia Romana, 21-12- 09). De una manera particular, las instituciones educativas católicas podrían promover este tipo de diálogo que nunca ha de estar separado del “primer anuncio”.

Proposición 56: La salvaguarda de la creación

La salvaguarda de la creación sirve también a la evangelización de varias maneras. Es un testimonio de nuestra fe en la bondad de la creación de Dios. Igualmente demuestra un sentido de solidaridad con aquellos que dependen, para su vida y sustento, de los bienes de la creación. También muestra una solidaridad intergeneracional con aquellos que vienen detrás de nosotros y es un claro testimonio del uso responsable y equitativo de los bienes de la tierra, nuestra casa común.

 CONCLUSIÓN

 Proposición 57: La transmisión de la fe cristiana

«Seréis mis testigos» (Hch 1,8). Desde sus mismos inicios, la Iglesia ha comprendido su responsabilidad de transmitir la Buena Nueva. Siguiendo los pasos de esta tradición apostólica, la tarea de la Nueva Evangelización es la transmisión de la fe. El Concilio Vaticano II nos recuerda que esta tarea es un complejo proceso que implica la fe y la vida de todo cristiano.

Esta fe no puede transmitirse a través de aquella vida que no esté modelada por el Evangelio, o que no encuentre su significado, su verdad y su futuro en él.

Por este motivo, la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana llama a todos los creyentes a que renueven su fe y su encuentro personal con Jesús en la Iglesia, a que profundicen en su amor a la verdad de la fe y la compartan con alegría.

Proposición 58: María, Estrella de la Nueva Evangelización

El Concilio Vaticano II presentó a María en el contexto del misterio de Cristo y de la Iglesia (cf. Lumen gentium, nn. 52-68). El Papa Pablo VI la declaró «Estrella de la Evangelización». Ella es, por lo tanto, el modelo de la fe, la esperanza y el amor. Es la primera en ayudar a llevar discípulos al Maestro (cf. Jn 2); en el Cenáculo es la Madre de los creyentes (cf. Hch 1, 14).

Como Madre del Redentor, María se convierte en testigo del amor de Dios. Ella cumple libremente la voluntad de Dios. Es la mujer fuerte que permanece, junto con Juan, al pie de la cruz. Ella siempre intercede por nosotros y acompaña a los fieles en su camino hasta la cruz del Señor.

Como Madre y Reina, es signo de esperanza para los que sufren y los necesitados. Hoy es la «Misionera» que nos ayudará en las dificultades propias de nuestro tiempo y que con su cercanía abre a la fe los corazones de hombres y mujeres.

Fijamos nuestra mirada en María. Ella nos ayudará a proclamar el mensaje de la salvación a todo hombre y  mujer, para que ellos también se conviertan en agentes de evangelización. María es Madre de la Iglesia. Que por su presencia, la Iglesia se convierta en hogar para muchos y en Madre de todos los pueblos.

(Original inglés. Fuente: www. vatican.va ;  Traducción de Fernando Prado, CMF. para “masdecerca.com”).

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