“TESTIGOS DE LA ALEGRÍA” CARTA APOSTÓLICA DEL PAPA FRANCISCO A LAS PERSONAS CONSAGRADAS (NOVEDAD EDITORIAL)

TESTIGOS DE LA ALEGRÍA es el título de la Carta Apostólica que, con fecha del 21 de noviembre y con motivo del Año de la Vida Consagrada, el Papa Francisco ha dirigido a todas las personas consagradas en el inicio de este año celebrativo que se extenderá, como ya es sabido, hasta el 2 de febrero de 2016. El Papa Francisco ha querido compartir con las personas consagradas (Él también lo es) la alegría de poder celebrar este año especial. El texto se está difundiendo también por internet.

Esta edición oficial en papel de la editorial Publicaciones Claretianas saldrá en breve a las librerías y constará de 48 páginas y en ella se incluyen, además de la Carta Apostólica, los dos mensajes dirigidos al inicio celebrativo de este año: el cercano mensaje que el Papa envió por videoconferencia en la Vigilia de oración en la víspera del inicio del año, así como las palabras que Francisco dirigió a los presentes en la Misa que daba inicio oficial al Año de la vida consagrada, celebrada en el primer domingo de Adviento.

Pueden encargar ya los ejemplares que necesiten en la propia editorial (Tel.: 91 540 12 67) y a través de la web: publicacionesclaretianas.com

En esta Carta Apostólica, el papa recuerda y comenta con profundidad los objetivos trazados para el año e invita a las personas consagradas a alegrarse, a despertar al mundo y a construir la comunión de la Iglesia. Todo ello, en el marco de la Evangelii Gaudium que llama a la Iglesia toda, y con ella a la vida consagrada, a salir, a romper toda autorreferencialidad y aislamiento para anunciar a Cristo.

En esta Carta Apostólica, Francisco tiene presente a los laicos que comparten ideales, espíritu y misión, formando “familias carismáticas” y sobre todo a los pastores de las iglesias particulares, a los que les recuerda que “la vida consagrada es un don para la Iglesia, nace en la Iglesia, crece en la Iglesia y a ella está totalmente orientada… una realidad que está en el corazón de la Iglesia como elemento decisivo de su misión”.

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