FRANCISCO A LOS JÓVENES CONSAGRADOS: PROFECÍA-CERCANÍA-MEMORIA

(masdecerca.com.-) /Arturo Miguel San Martín/El Papa Francisco al aula Pablo VI donde casi 5000 jóvenes consagrados le ovacionaron mientras pedía un pensamiento para los mártires de Irak y Siria. Así comenzó este deseado y entrañable encuentro, respondiendo a tres preguntas de un religioso de Alepo y de dos religiosas: ¿por qué se hizo religioso? ¿Dónde está la Iglesia enviándonos hoy? Ante la inestabilidad ¿podemos evitar caer en la mediocridad? Durante el encuentro, el Papa habló durante casi una hora improvisando su discurso y respondiendo a las preguntas que le realizaron. En su intervención se centró en tres palabras clave: profecía, cercanía y memoria que fue desgranando ampliamente.

Para el Papa Francisco, el cumplir simplemente las reglas, quita la libertad. “Hay una libertad que viene del Espíritu y otra que viene de la mundanidad. El Señor os llama al modo profético de ejercer la libertad, la libertad que va unida al testimonio y la fidelidad”. Además, indicó que “una madre que no deja soñar y crecer a los hijos anula el futuro. También la vida consagrada puede ser estéril cuando no se permite soñar. Y los rígidos no se permiten soñar”. De este modo, ha señalado que también en la vida consagrada se puede ser estéril, cuando no es precisamente profética, cuando no se permite soñar. “Profecía, capacidad de soñar, es lo contrario de la rigidez. Los rígidos no pueden soñar”, ha indicado. Este ha de ser el testimonio de las personas consagradas. Un testimonio que se traduce –aquí se centró en las mujeres, aunque no solo- en una auténtica “maternidad”, de la que la vida consagrada es imagen. “Sois imagen de la maternidad de la Iglesia y de la maternidad de María” les dijo el papa a las religiosas. “No es lo mismo evangelizar que hacer proselitismo. Evangelizar no es sólo convencer, es dar testimonio de que Jesús está vivo. Podré estudiar, tener cursos… pero la capacidad de alentar los corazones no está en los libros”. Se refería así la necesidad de que el corazón arda de verdad en la vida de las personas consagradas. “Perdonad si soy feminista. Agradezco el testimonio, tenéis el deseo de estar en primera línea porque sois madres, tenéis esa maternidad de la Iglesia que os hace cercanas…Sois iconos de la ternura de la Iglesia, del amor de la Iglesia, de la maternidad de la Iglesia y de la maternidad de María”. Ahí está la verdadera cercanía.

Francisco quiso dar una pincelada a los congregados sobre la vida de comunidad. “Uno de los pecados es la incapacidad del perdón. La murmuración es pecar, murmurar es también terrorismo porque quien murmura lanza una bomba sobre la fama del otro”. La vida fraterna, indicó Francisco, “no es siempre fácil”, los propios apóstoles peleaban duramente. “Leed los Hechos de los apóstoles y veréis”. Pero, abiertos al Espíritu, eran capaces de perdonarse. “Ojo a la murmuración, que dificulta el perdón y aleja a los hermanos entre sí”. No sólo es pecado…la murmuración es “terrorismo”, pues quien murmura “echa una bomba sobre la fama del otro, los destruye y no puede defenderse. Se murmura en la oscuridad, no a la luz… y la oscuridad es el reino del Demonio”.

“Cuando tengas algo contra tu hermano o hermana –añadió Francisco– primero reza, serena el alma y después ve a decírselo a la luz: “no estoy desacuerdo con esto…tú has hecho algo que no está bien…”. Pero nunca lances la bomba de la murmuración. Es la peste de la vida comunitaria. Así, el religioso o religiosa que ha consagrado su vida a Dios se convierte en un terrorista, porque tira en su propia comunidad una bomba que destruye”.

Recordó a los presentes que vivimos en una cultura provisoria pero que Dios nos “ha enviado a todos y para siempre”. Y que “este es un criterio de discernimiento espiritual”.

Respecto a la memoria, invitó a los presentes a que “ante la dificultad vuelvan a las fuentes, recordad el estupor de cuando el Señor os miró”. Y recordó su llamada a la vida religiosa y al sacerdocio: “No lo sé. Sé que entré por casualidad en una iglesia, vi un confesionario y salí diferente, de otra manera. Allí cambió mi vida. ¿Que me fascinó de Jesús y del Evangelio? No lo sé. Su cercanía a mí… El Señor nunca me ha dejado solo, ni siquiera en los momentos más difíciles y oscuros, ni siquiera en los momentos del pecado… porque el Señor nos encuentra siempre definitivamente. El Señor no pertenece a la cultura de lo provisional… Nos ama y nos acompaña siempre”.

Terminó su intervención invitando a los jóvenes a vivir en una auténtica actitud de adoración, que es verdadero antídoto del narcisismo. “Es necesario que os protejáis del narcisismo. Adoremos al Señor”. “Sed hombres y mujeres de adoración”, concluyó el Papa. Después, tras saludar a los miembros de la Congregación de la CIVCSVA, bajó por el pasillo central del aula saludando a todos los jóvenes.

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