“LA VIDA CONSAGRADA, UN DON QUE HA DE SER ACOGIDO CON GRATITUD” (INSTRUMENTUM LABORIS DEL PRÓXIMO SÍNODO)

Posted by Fernando Prado, cmf on 19 junio 2012 under espiritualidad, formacion, noticias | Be the First to Comment

Después de que los Lineamenta del próximo Sínodo han sido trabajados en múltiples instancias eclesiales, la Iglesia devuelve un Instrumentum Laboris (Instrumento de trabajo) que se utilizará en el Sínodo para el discernimiento de toda la Iglesia. En este documento de trabajo hay varias alusiones a la vida consagrada, pero, en especial, el número 114 se refiere precisa y directamente a ella con palabras de gratitud y reconocimiento de su importancia para la Nueva Evangelización, subrayando su papel en la Iglesia como “testimonio profético del Evangelio”. Reproducimos el número 114 al completo:

114. Como un don que ha de ser acogido con gratitud, las respuestas mencionan la vida consagrada. Se reconoce la importancia, a los efectos de la transmisión de la fe y del anuncio del Evangelio, de las grandes órdenes religiosas y de las diversas formas de vida consagrada, en particular de las órdenes mendicantes, de los institutos apostólicos y de los institutos seculares, con el propio carisma profético y evangelizador, también en momentos de dificultad y de revisión del proprio estilo de vida. La presencia de la vida consagrada, aunque escondida, es vista, sin embargo, desde una óptica de fe como fuente de muchos frutos espirituales a favor del mandato misionero, que la Iglesia está llamada a vivir en el presente. Muchas Iglesias locales reconocen la importancia de este testimonio profético del Evangelio, fuente de tantas energías para la vida de fe de las comunidades cristianas y de tantos bautizados. Varias respuestas manifiestan la expectativa que la vida consagrada ofrezca una contribución esencial a la nueva evangelización, en particular en el campo de la educación, de la sanidad, de la atención pastoral, sobre todo hacia los pobres y las personas más necesitadas de ayuda espiritual y material.

En este contexto se reconoce también el valioso sostén a la nueva evangelización de parte de la vida contemplativa, sobre todo de los monasterios. La relación entre monaquismo, contemplación y evangelización, como demuestra la historia, es sólida y da frutos. Tal experiencia constituye el corazón de la vida de la Iglesia, que mantiene viva la esencia del Evangelio, el primado de la fe y la celebración de la liturgia, dando un sentido al silencio y a toda otra actividad para la gloria de Dios.

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